Buenos días a todos. No soy un hombre que sueñe mucho (dormido, despierto sueño mucho), cuando sueño casi siempre eso sí, son cosas lindas, cosas que cuando me despierto aún dejan un aroma, una sensación de alegría o, de vez en cuando nostalgia y melancolía.
Pero cuando tengo pesadillas, que afortunadamente es esporádico, sufro; mis pesadillas no me hacen sufrir por terroríficas sino por raras, ya pasaron los años de mi vida en los protagonistas de mis malos sueños eran vampiros, monstruos o fantasmas, ahora me tengo que chutar toda una gama interminable de payasadas que crea mi mente cuando se le antoja joderme el poco sueño que usualmente disfruto en las horas nocturnas.
Paso a platicar con moderada intensidad un ejemplo de mis pesadillas.
Anoche soñé que estaba haciendo una actividad ante cierto público <inserte evento que se le venga en gana a usted> y sólo era yo, allí, cientos de pares de ojos viéndome con exclusiva fijación, mentes poniendo atención a cada uno de mis movimientos, a lo que fuera lo que tenía que decirles.
En el sueño no sufria pánico escenico ni nada de esas cosas, para muchos quizá lo anterior descrito sería ya una pesadilla en sí misma, pero no, esos nervios escénicos nunca han sido mi problema.
Mi problema en el sueño y lo que se convirtió en una real pesadilla, era que por alguna irracional razón (como ocurre normalmente en los sueños) no podía hacer ABSOLUTAMENTE NADA para sacarme un moco duro y mal agarrado de mi fosa nasal izquierda (recuerdo bien).
Era una tortuta auténtica, yo estaba allí parado, hablando frente a una multitud, ahroa recuerdo a los presentes y dónde se encontraban, era una especie de auditorio pequeño pero retacado, del tipo que se ven en las universidades donde grandes maestros dan cátedra a grandes grupos.
Frente a ese tumulto de gente interesadísima en lo que yo tenía que decir y demostrarles, yo tenía un moco atorado a la pared nasal, lo sentía aferrarse a un sólo vello pero hasta con los dientes, el muy cabrón. Entre frases en las que subía la voz, recuerdo exhalar por la nariz como en pequeñas explosiones para dar fuerza a la salida del aire; el moco, como Juárez ante el viento.
En algún instante en el sueño seguramente he de haber movido un poco el moco, no a mi favor, sino para reacomodarlo de tal suerte que ahora respiraba y se oía un silbido.
La tortuta de sentir el moco estorbarme en la nariz, darme cosquillas, picar y no dejarme respirar fue terrible, fue una pesadilla, no el moco, no la muchedumbre atenta a cada uno de mis movimientos, era estar confinado no poder usar mis manos y nada.
Y ya contaré cuando soñé que me botaban infinitas ventanas de messenger y tenía la mortal tarea responderle a todas.