Con el cambio de jefe las costumbres sueñísticas de Semidiós han tenido que modificarse casi drasticamente, levantarse temprano, a las 6:30 de la madrugada.
van unos cuatro días así y es impresionante como me he logrado adaptar rápidamente, sinceramente no se por qué, tal vez un meritito instinto de supervivencia (si no llego temprano me corren a la chingada… simple).
Suena el despertador del celular que hace bastante bien su jale, me pongo los pants, las truzas, me quito las truzas y el pants y comienzo de nuevo pero primero las truzas, luego las chanclas y bajo a prepararme un café mientras voy y checo el agua de la regadera.
Hoy por el tiempo, no alcancé a tomar café en la casa, salí en chinga, pero de buen humor, hoy en la oficina también tuve que espera junto con otros compañeros a que llegara alguien con las llaves de la puerta.
Mientras, fui al OXXO por un café (si es aun temprano sabe bueno, después se “quema” y sabe como a chingazo en la nuca), cruzo la calle y al ir cruzando el estacionamiento del OXXO un wey que va entrando me pita para que me quite, me detengo y volteo, no pensé que fuera a mi, y sí, yo era el que estorbaba allí… segun el idiota.
El wey me pito de nuevo, a lo mejor llevaba prisa o se estaba cagando, no lo se, pero que te esten chingando con la bocina tan temprano está cabrón, o peor, amanecer con el humor de estar chingando con la bocina… pff
Me detuve para seguir estorbando mientras le preguntaba lo que quería, me dijo:
- si te quitas por favor? me voy a estacionar! -
Le pregunté si era discapacitado, me respondió que no, entonces amablemente le dije que tendría que reacomodarse porque el lugar donde yo estaba parado era el espacio reservado para personas que no pueden caminar.
No me moví hasta que se fue, no es heroismo ni que la chingada, nomás qué pinches ganas de este wey de estar jodiendo los oidos tan temprano.
*Nota: La compañera de mi oficina que recibió una colección de puñaladas en el estómago ya está bien, el jueves vino a la oficia ( no se a qué vino) y salimos a saludarla, apenas y podía caminar y si le contabas un chiste caía al suelo de dolor… nomás me dejaron contarle dos.