Como ya lo he posteado, yo creo en el fenómeno paranormal, sobrenatural (por usar un término general), en palabras al chile, en fantasmas, sin embargo, en mi vida he experimentado si acaso dos cosas que puedo atribuir a “fantasmas” y ambas ocurrieron en el mismo lugar, la Escuela de Música donde dicho sea de paso, fue el lugar donde se juntaron los miles de cadáveres víctimas de un desbordamiento de muro de contención durante un huracán histórico.
No hace muchas semanas me enteré que la novia de Alejandro, colega borrachal, vive en un departamento donde el asunto de los espantos se vuelve un poco más serio; veníamos los tres de los bolos, Semidiosa tenía examen y no accedió a salir a echarnos unos tragos, nos detuvimos en el departamento de Mónica para que recogiera una chamarra (de noche en la playa hace muchísimo frío), se bajó sola, solamente con ver el “tunel” que tiene por pasillo para llegar al patio central da escalofríos, nos volteamos y dijimos en acuerdo – qué hueva tener que pasar por allí todas las noches -
Mónica no tardó mucho en regresar, nos sorprendió de pronto al salir del pasillo, sin cerrar la puerta metálica, corriendo en chinga, agitada, sudando y temblando.
Nos platicó que, su compañera de departamento no estaba, no había nadie, abrió con su llave, entró y dejó la puerta abierta, subió a su cuarto encendiendo luces a su paso pues estaba totalmente a oscuras, tomó su abrigo y bajó inmediatamente porque comenzó a sentir escalofríos por una sensación de ser observada, bajó para salir del departamento dejando toda luz encendida, vió la puerta cerrada y al intentar abrirla ésta tenía el seguro puesto, ya con mas nervios quitó el seguro (es un seguro del tipo que se tienen que girar, en el centro de la perilla) y salió, pero al intentar cerrar la puerta por fuera, aproximadamente a 30 centímetros de cerrarse “alguien” o “algo” la sujetó desde dentro, al forcejear para cerrarla se sentía justo como cuando una persona nos detiene la puerta (cosa que todos sabemos como se siente, no hay rigidez sino como un efecto de amortiguación), sintió entonces que lo que estuviera dentro del departamento no sólo resistía sino que comenzaba a abrir más la puerta, entonces jaló con mucha más fuerza y “eso la soltó” (así lo dijo ella).
Después de que nos platicó todo (que fue mucho más rápido que lo que alguien se tarda en leer ésto) arrancamos a la playa (las cervezas ya estaban en la parte trasera en una hielera).
Apenas a unos cuantos metros saliendo a carretera algo pasó en el carro que se escuchó algo tronar debajo de él, y perdió potencia, fue tanto el problema que nos vimos obligados a abortar la pisteada y al no tener otro mejor lugar (imaginen el peor) para beber, regresamos al departamento de Mónica, donde pude probar que el seguro de esa puerta está durísimo y sólo una persona puede moverlo, y que, la puerta que coprotagoniza esta narración no tiene, bajo ninguna circunstancia, posibilidad alguna de atorarse y evitar que sea cerrada.
Llega un momento que creer y no creer valen lo mismo, cuando se te presentan cosas, circunstancias y el testimonio es de una persona a quiene nota sincera; estuvimos en el pequeño patio interno del departamento, y quiero ser muy sincero, no fue agradable, increible.