Aug 082007
 

No es nada nuevo saber que los hombres nos tiramos pedos, eructamos y en general, generamos olores a animal, las mujeres no.

Y como en el depa vivimos tres weyes, hay momentos en que el asunto se vuelve una sinfonía de olores cuando estamos los tres y hasta amigos de visita.

El lunes que hicimos algunas compras de artículos de limpieza decidimos comprar un arsenal de aromatizantes y chingaderas del estilo para atacar este padecimiento tan rancio (en todos los sentidos de la palabra) de nuestro género.

Colocamos un aromatizante en la sala, de los eléctricos con un frasco que contiene el aromatizante líquido, compramos además dos botes de spray de aromatizantes, neutralizante antibacterial para rociar los cuartos y de forma más directa en sofá, camás y demás mobiliario que por su naturaleza tienda a almacenar texturas aéreas más allá de lo aceptable.

Ahora entramos al departamento y huele rico, no se detecta ningún intruso aromático extraño en la pequeña biósfera doméstica.

Sin, embargo, la emisión al aire de gases raros y demás partículas no se detiene, los sonidos y los colores extraterrenales que se observan en calcetines advierte su presencia, sólo que ahora podemos seguir viendo la tele sin voltear a ver al compañero con gesto de desaprobación y arrojar la prendas al cesto de ropa sucia sin sufrir tanto remordimiento.

A fin de cuentas el daño real persiste.

Es como anestesiarte antes de recibir una patada en el culo.

Aug 062007
 

Cuando te levantas en la mañana, te sientas en “el trono” y sientes como si hubieras comido corcholatas, sabes que las cosas no pueden mejorar en las próximas horas.

Aug 012007
 

Hoy mientras viajaba de vuelta casa en el honorable Microbús, mire a una chica con las nalgas idénticas a las de ex-semidiosa, y pude notar también ya sin saber si con gusto o amarga nostalgia que la chica esta, llevaba puesto un pantalon de esos sin bolsas traseras del mismo color y material que uno que ex-semidiosa tiene y que, huelga decir me encantaba cómo le resaltaban (y resultaban) las nalgas.

Regresé la mirada hacia enfrente, perdida, entre la gente sentada frente a mi, como buscando algo que por ahí había dejado y que había perdido sin remedio; sentí incluso que la gente notó mis latidos del corazón, que el sentado a mi lado podía ver el pasar de mi sangre por las arterias de mi cuello, notar la pronta resequedad en mis labios.

No fue un instinto sexual al ver esas nalgas de una desconocida con gran cuerpo, fue algo más allá que invocó situaciones, sensaciones y texturas, no sólo en el contexto carnal.

Fue algo difícil de describir, pero fueron instantes completos, llenos, plenos, absolutos, inexplicablemente detonados por un par de nalgas, la mente fue arrastrada más allá de pensamientos de simple y vana connotación (o como chingados se escriba) sexual…

…sufrí una erección espiritual.