Dec 102007
 

En lo largo o corto de la vida de cada quien, uno va haciéndose de mañas y demás aditamentos de la personalidad. Entre esas cosas está ir haciendo más larga la lista de olores que no soportamos. Hay unos olores que como una generalidad, nadie quiere tener cerca – y olerlos -, otros son repulsivos por mera determinación de nuestras pelotas – otros dicen predisposición genética o psicológica -.

Hay mujeres – alguna vez escuché a una decirlo, lo juro – a las que le gusta cuando los hombres estamos todos sudados, sucios, con apariencia de qué dormimos en un tunel del metro y con olor a perro llovido, estos especimentes prefieren a un cartero sin bicicleta que a un banquero, sin embargo, no todas tienen ese gusto. Una repulsión general a un aroma de parte del género opuesto puede ser el olor a teibolera – se agrega a este, con repercusion fatal, por ejemplo si lo encuentra mezclado con el olor a Hugo Boss de su novio.

Hay quienes me comentan que detestan el olor de los hospitales. Recuerdo que de niño, cuando me enfermaba – cosa de semipreocupante frecuencia – me llevaba mi madre a deshoras de la madrugada al hospital, y mientras en el coche iba yo vomitando sapos y tan amarillo como una colección de patitos de hule, al llegar al hospital solamente su olor me hacía sentir mejor, medio problema se esfumaba, supongo que como nunca tuve malas experiencias ni me sacaron un órgano por error, terminé relalcionando ese olor con bienestar de ahi que me guste hoy en día.

Ahora recuerdo un olor que simplemente me es nauseabundo. El epazote. Mi abuela tenía cierta afición por esa mala hierba; la casa donde viví en mi infancia era de ricos, supongo – ahora que hago memoria – que lo éramos – ya no -, tenía un jardín muy grande donde mi abuela plantaba hierbas y demás ramas, yerbabuena (o como chingados se escriba), menta, mejorana, cilantro, muchas otras, y epazote.

El epazote y yo comenzamos con mala pata. Crecí con mis abuelos, y donde hay abuelos -de los de aquella época – hay nietos, y donde están los dos entonces hay “empachos”, el empacho es un padecimiento que ya no ocurre actualmente, no porque los niños actuales hayan evolucionado y ahora pululen los genes antiempacho, sino porque quienes creían que este mal realmente existía están muy viejos o han muerto. Yo sí me empachaba cuando mi abuela decía, el tratamiento consistía en una especiae de masaje en el espinazo con jalones de cuero de la espalda. Lo que he leído hasta ahi está bien para curar un empacho de un infante – o Negrete, si llegara a darse el caso -, pero la curandera de cabecera de mi abuela además tenía remedios de autor, usaba, para cerrar con broche de oro el ritual, un aceite de epazote que me dejaba oliendo a mole de olla una semana entera. Era repugnante.

Luego un día quise aprender a andar en la bicicleta que me regalaron de navidad, no se qué pasó, cuando le pregunté a mi madre si Santoclós no sabía que yo era muy chiquito – volteando a ver una bicicleta que me doblaba de altura – ella no supo que decir, me colgaban los pies aunque me sentara en sus pedales -los de la bicicleta-; me subió mi madre, me dió impulso y sin aviso u oportunidad para solicitar que echaran la siempre benigna paja, fui a estamparme en la miniselva de epazote de mi abuela. Huelga decir que eso fue el acabose, quedé oliendo a epazote todo el fin de semana, la bicicleta también.

Entre esos dos ejemplos que tuve a bien describir, hay tantos más que no hay caso mencionar, si acaso el olor a pelo chamuscado; hace un rato tomé el encendedor y encendí un cigarrillo, luego tuve que apagarme la barba. Un roomie hijoeputa subió el nivel de la flama a tope, tendrá que dormir con un ojo abierto.

Epazote (del náhuatl epazōtl, epatli = zorrillo + zotli = hierba)
El Empacho para la medicina no existe como tal…

Dec 082007
 

Lamborghini U.S.A. - Lamborghini Los Ángeles buenas tardes
Semidiós: – Buenas tardes, llamo porque estoy interesado en adquirir en nuevo Lamborghini Reventón
Lamborghini U.S.A. – Excelente señor, permítame un minuto, le pondré en la línea a un representante de ventas
Semidiós: - Oiga ¿pero se puede apurar? es que se me está acabando el crédito en el celular

~sigh~

*click*

Semidiós: – ¿bueno?…. ¿haló?

Dec 032007
 

Odio…
a la gente con ataques de tos cerca de mi,

un cigarro mal apagado en el cenicero,
comenzar a escribir y que la pluma no pinte,
dejar algo olvidado y perderlo,
apretar el bote de mostaza y que salga agua amarillenta,
tener que raspar con una cuchara para sacar la mayonesa pegada al bote,
el azúcar,
a Celia Cruz cuando decía “Azúcar”,
las boinas,
las chamarras que no quitan el frío,
el mensaje diciendo que se me acabó el crédito del celular,
el sexo interrumpido,
que el zipper de mi sudadera atrape un pelo de mi barba,
la comezón en un huevo cuando estoy entre desconocidos,
estornudar cuando camino con la taza del café a tope,
los pelos de la nariz,
el epazote y todo platillo que sazone,
las pilas que no son recargables,
las cosas recargables cuando se descargan,
los cargadores de San Diego, por maletas,
el refri del depa,
pasar recados de teléfono,
hablar por teléfono más de lo necesario,
el recibo del teléfono,
el agua quinada, y
no saber por qué siento tanto odio en este momento.

Estoy lleno de odio.

Y estoy lleno de muchas otras cosas que no son odio afortunadamente, y son tantas que es una sensación apabullante, abrumadora que reclama acción, de hacer, de dejar de hacer, de no esperar, NO ESPERAR NADA, A NADIE, NADA DE NADIE, es contundente, rotundo, contuso, categórico, pero ya no hay nada más que la acción (y la bolsita de acción debajo del sinc).

He estado muy cansado ultimamente, no en mi cuerpo, sino en mi mente, normalmente mis días son alegres, porque así soy normalmente, mi días los veo como un juego de 8 bits, colorido , tonto, y absurdamente divertido con “ruiditos” graciosos que me recuerdan a un mono bailando rumba con un sombrero de frutas.

Extraño esos días.

Y me culpo por tener tanta estúpida paciencia, en la ultima entrevista de trabajo que tuve, me pidieron que dijera una gran virtud y un gran defecto que tuviera, mencioné la paciencia (obtuve el trabajo, lo rechacé), para mi es ambas cosas, es bueno ser paciente, pero es bueno también limitarla. Por qué hablo de mi paciencia? Sean pacientes, algún día lo diré.

Sólo diré acerca de mi paciencia que ya se agotó,

Y estoy escribiendo tanta cosa, porque es lo que está saliendo de mis dedos, casi ni lo estoy pensando, por ejemplo ahorita estoy pensando en tirarle la botella vacía de coca cola zero a mi roomate que está roncando como aserradero chiapaneco.

Y lo más triste es que ultimamente me he extrañado, mucho, como si me hubiera alejado de mi mismo.

Pero me duele mucho más que quienes me quieren me extrañen.

No estaré aquí por un tiempo, tengo que irme, a ver dónde ando, y traerme jalando de las greñas, si es necesario a punta de patadas en mi culo.

Los veo y leo luego.