NO POST FOR YOU!
El día de hoy a las 10:30 de la mañana se registró un gran incendio en la escuela primaria Miguel Hidalgo y Costilla, afortunadamente la mitad del alumnado se encontraba asistiendo a un evento en el Palacio de Gobierno por lo que solo se registraron quemaduras de cuarto, quinto y sexto grado.
Me comentaste de aquel café que tiene mesas con mantel, que te gustaba como el frappé era dulce pero sin empalagar, como mis besos. me gustó lo que me dijiste y cedí ir a verte, aunque fuera media hora que tenías disponible.
Tu mirada no era tuya, era como algo en fuego, pero no violenta, algo… como el Sol.
La verdad, cuando me decías lo que te gustaría que nos vieramos en el “Café con mesas con manteles” e insistías en ello, no entendía, como tantas cosas que aun no entiendo de tí y que no apuro; “sin tiempo, para estar siempre a tiempo”.
Nos sentamos los dos en esa mesita que yo bien pudiera calificar como figurita de Monopoly – pero con mantel – te acercaste de más a mi, y descubrí lo que querías, la intención era estar en un lugar lleno de gente – y humanos -, rodeandonos, haciendo buya y preocupandose por sus propios asuntos totalmente ignorantes de que debajo de la barata telucha me tocabas las piernas, los muslos por su interior para sacarme esa sonrisa que dices que te gusta, y esos brincos que doy de pronto que te sacan una carcajada cortada.
Curiosamente no hablamos mucho. Nos vimos a los ojos como idiotas, sonreímos por tontadas, nos agarramos de las manos como si nos estuvieramos salvando de caer al vacío.
Fue una entrevista linda, breve, pero con fondo, con escencia, contigo.
Apuras el último sorbo de tu frappé derretido, te levantas con esos jeans y tu cabello rojo, no volteas, supongo quieres darme la oportunidad de verte toda con libertad, ofreciéndome la oportunidad de disfrutar tu leve inclinación al tirar el vaso a la cesto de la basura.
Te despido en el coche, subes tu cristal eléctrico con cara de modelo de perfumes, sonrió y te vas casi quemando llanta, estás un poco loca, me gusta, supongo que sí.
Regreso, saco mi lap top, pongo “Such Great Heights” con mis audífonos, a todo volumen.
Miro a través de la ventana, com viendo más alla de la otra acera, siento algo en mi garganta, como queriendote gritar algo, algo que lleque hasta donde vayas… lo siento, tal vez es un “te quiero” silencioso.
Pero fue un eructo tremendo que no escuché por los audífonos, pero que la mirada de la gente denotó su nivel sonoro, así como la vibración en mi garganta.
¿Un “te quiero” gutural?
Me siento como en el video de scar tissue de Red Hot Chilli Peppers, o como coprotagonista semi-importante en una película de carretera, con gasolineras abandonadas, chamisos, roadkills, diners y moteles repletos de historias de fantasmas, todo en un desierto, sobre tierra seca y nubes dispersas.
Luego veo por el retrovisor, miro tu boca, veo que sonríes y bajo mi cabeza para alcanzar tus ojos, me mirabas que te miraba y sonrío. El pacífico ya se acerca y el viento seco se transforma cadenciosamente en brisa, humedad y frío con olor a surf y espuma, olas grandes que arrullan a toda hora, hipnotizan, traban la vista en sus crestas de aerosol.
Escojo música, hoy ando atinado, voy sobrado con la puntería melódica, música para irnos, para ir, para llegar y, música para regresar, la que siempre tiene un tinte triste.
En lontananza vemos por fin el pacífico y las minúsculas rayas blancas de la orilla, hace frío y desde atrás me abrazas junto con el respaldo del asiento y siento tu sonrisa sin verla, tu piel tiene esa energía, esa gracia del contacto que te leo como braille lee un ciego.
Es la última recta hacía la playa, hace frío y todo contrasta con el alto sol, las nubes y la neblina de la mañana que aun no se disipa de los rincones del pueblo. Adoro el Oceano Pacífico, te lo digo y haces la celosa, – “el” mar es mujer, ¿sabías? – me dices mientras me sacas el aire con un abrazo de oso.
- Nunca preferiría a la mar sobre tí.
- ¿Jamás?
- Ni a la lluvia.
- ¿Tanto así me quieres?
- Así de tanto te quiero.


