No hay agua corriente y me tengo que bañar con agua del tinaco, hubo tormenta así que el agua no ha tenido tiempo para calentarse un poco, sentí que me daba tunda una sarta de pingüinos.
Salgo y mi coche titubea demasiado para arrancar, tanto que se descarga por completo la batería y tengo que buscar aventón.
El día siguió raro, como en contra o por lo menos sin pizca de ánimos de cooperar con mi simple causa de vivir en paz.
Pero al final del día alguien me preguntó – ¿Qué tal tu día? – y sin pensarlo respondí que habia tenido un día genial.
He pensado que en muchas ocasiones es mejor actuar o responder sin tratar de reflexionar mucho, quizá lo espontáneo no sólo es materia prima de lo auténtico, sino un buen indicador del estado que guarda nuestro espíritu.