Nov 282008
 
Anoche mientras me empinaba quizá -porque jamás las cuento – la décima cerveza y mientras veía a tanto primate estúpido alrededor mío, me puse a pensar que yo también soy medio mercenario de mi propia existencia.


La causa directa es que la mayoría de las cosas que hago, las hago soñando. Aquí quiero hacer notar al lector que no se debe malentender esto de ser soñador que siempre ando buscando cómo hacer realidad mis sueños, la cosa es que nomás uno avanza a como las circunstancias lo dejan.

Claro, luego sueño cosas bien grandes, grandiosas, y grandotas; de las dos, pues.
A veces soñar mucho provoca sensaciones raras al voltear hacia atrás y sentir que no se ha concretado nada; personalmente llevo un buen record de sueños cumplidos.

Nomás que no paro de soñar.

Por otro lado estaba pensando que, conociendome como soy, si la primera civilización, el primer grupo de humanos fuera digamos… un grupo de yos (o sea de mi, pero muchos, igualitos, hombres y mujeres) lo que pasaría es que ahí hubiera quedado este asunto de la evolución del hombre.

No hubieramos llegado a la quinta generación, tal vez sexta. Se hubieran acabado las frutas, y los bichos, los rayos en las tormentas seguramente acabado con más de dos; otros cuantos ahogados con los arroyos o inundaciones, la mayoría muertos de no aprender que una gripe es de quedarse en la cueva alejado del frío, muertos en el fondo de precipicios, barrancos y cualquier variedad de zanjas, nomás por ir volteando para otro lado.

Y si, digamos que hayamos sobrevivido a esos años de oscuridad cognitiva – en la pendeja, pues- al final de los tiempos de mi civilización la única aportación al resto de la humanidad, habría sido la pedrada.
Nov 252008
 

La lluvia de invierno o en la playa, la que cae cuando viene una tormenta tropical; un buen café, helado o caliente pero simplemente bueno; mi brazo entumido porque toda la noche ella durmió y rodó sobre él; tomar la primera cerveza y sentir que me cae tan bien que puedo tomar todas las que vengan; una tarde en la que sienta que nada me preocupa, una de esas tardes en las que siento que soy infinitamente feliz; la sonrisa de una bonita desconocida; de los zumbidos del messenger; de usar emoticones; jugar a que la vida es fácil; ver fotos antiguas de gente conocida, y de mi; viajar de pasajero en la carretera y sacar la mano jugando al avión; dormir en la arena de la playa en el pacífico; despertar recordando que lo último que hice antes de quedar dormido fue que sonreía; encontrar amigos de mi infancia por la calle y que me reconozcan; saber que la suerte le da buena cara a las personas que quiero; vomitar de ebriedad sintiendo que alguien cuida de mi; todos los momentos que me hacen decir – ¡de la que me salvé!; los días de invierno en que no debo levantarme temprano; los huevos rancheros que se preparan en mi tierra; el shoegazer; los 90′s; un abrazo inesperado; llorar de alegría; una buena película de horror; carcajearme; el primer sorbo de café por la mañana; una muestra de cariño de un animal; la vista de Tijuana desde la terraza de mi casa; una larga charla con mi padre mientras tomamos whiskey con agua; comprarme un gadget nuevo; fan de la risa de mi madre; y de vez en cuando, soy fan de sentirme solo.


Como esta noche.
Nov 252008
 

Este soy yo, serenado haciendo como que nada me importa, bebiendo un café caliente bajo los rayos del sol de agosto, sentado así he esperado mil veces mil cosas, levantando mi mano derecha para apurar un sorbo.

La fórmula no ha fallado mucho, tarde o temprano llegan cosas buenas mientras estoy serenado haciendo como que nada me importa, y cuando no llega nada, no hay problema, sólo me levanto, y prosigo mi día haciendo como que todo lo demás me importa.

Nov 202008
 
Estaba  cómodamente chingándome una birria bajo el toldo del carrito birriero, tan agusto. Ya casi acaba noviembre y es caso que no se enfrían los días; el birriero tiene la costumbre – ya hecha fama – de servir la birria en ebullición, y a la hora que llegué, creo, las 9 de la mañana o algo así, la sirve tan caliente que cuando terminas de desayunar se te ha calentado la morralla en los bolsillos.

El caso es que estaba elaborando un complicado – por lo frágil de la tortilla – taco de lengua con sesos cuando por un lado de mi pero tirándole a por enfrente, pasó un señor que, lo digo de verdad, con todas las ganas de plasmar aquí mi veldá, qué, no tenía cuello.

Así es, casi frente a mi pasó un señor al que no se le distinguía cuello alguno, no vestigio de que hubiera estado allí, los comensales, el señor birriero y su cajero/garrotero/cortadordelimones nos quedamos pasmados, unos con el taco a medio despanze camino a la boca, otro con el cucharón derramando de vuelta a la olla, el ayudante contando billetes sin ver -ni contar-; fue un espectáculo muy muy raro, todos nos quedamos quietos, esperando que este señor sin cuello realizara una acción ante la cual fuera menester tener un cuello.

No volteó la cabeza, no se agacho, no miró al cielo, no pudimos explicarlo.

Pero de los presentes, todos hemos al final opinado que ese señor simplemente no tenía cuello.
Nov 202008
 

Una señora que entró a la oficina hace rato se acaba de ir, una señora de unos 85 años, vino a arreglar no se qué asunto con una compañera, no me conoce ni nada, si acaso un saludo común y corriente.


El caso es que se acaba de ir, y al pasar por mi lado en su retirada ha puesto su mano en mi hombro derecho y con una sonrisa de esas de bruja de película, de esas sonrisas que no sabes si son sinceras o perversas, me ha dicho: -Qué dios esté contigo.

No se, me recorrió un escalofrío por la espina.

No se cómo supo que no creo en Dios, o cómo averiguó que traigo el alma triste.
Nov 132008
 

No se sabe aún a ciencia cierta cuáles son las reglas perfectas en el arte de escribir, sean novelas, cuentos, guiones o simples pensamientos, no hay lineamientos.

Unos podemos suponer que lo mejor es solamente escribir lo que piensas, pero sin pensar; como si fuera un estornudo, un bostezo, rascar una comezón isoportable… una cuestión natural.

Por otro lado, hay quienes piensan para escribir lo que piensan; personalmente eso lo veo bien igualmente, quizá no es mi forma de hacerlo, tal vez porque sólo pienso historias cortas, soluciones para el día de mañana y, cuando futureo mucho, soluciones pequeñas para mañanas distantes.

Nov 122008
 

Es miércoles ya, y las cosas no pintan mejor, de hecho, hoy están ligeramente peor que ayer, porque saben? no me gusta contarles todo, así que decir “ligeramente” es suficiente dosis de realidad para mis lectores cibernéticos. Los que me conoces más de eso, pues, ya saben cómo soy y supongo, por eso me quieren.


En fin, voy a la tortería a comprarme, sí, una torta, están baratas y no venden sólo tortas sino hamburgruesas, desayunos y comidas. En fin, me han puesto una salsa recién echa, en una madrola de esas tipo biberon que se usan para el ketchup y todo eso que es así.

Estaba tan caliente la madre esa que el plastico estaba demasiado aguado y al tomarla se dobló todo el bote y he chorrado salsa hiviendo en mi otra mano, menté madres y ahora traigo una marca roja que arde, alcancé a quitarmela y detener un poco la quemada.

Al pagarle a la señora que se disculpó por la ineptitud de la pendeja que me puso la salsa hirviendo, al darme el vuelto retira un billete de veinte comentando que este tiene un agujero, menciona que me lo cambiará por uno de los nuevos billetes plastificados que dice el Banco de México, duran más.

Por mi que hagan los billetes de bolsas del oxxo, que duran más? mis huevos duran más: Cuando los billetes duren más, EN MI PUTA CARTERA… entonces, habrán tenido éxito.

Mientras, que les den.
Nov 102008
 

Tenemos dos ojos, dos orejas, dos manos, dos pies, dos orificios nasales, dos nalgas, dos huevos o dos ovarios según sea el caso, dos riñones, dos pulmones y así viene una rica historia de simetría que la maravillosa naturaleza nos ha regalado para que funcionemos bien.


Pero otras cosas nos vinieron únicas en el kit orgánico; un pene o una vagina, una cabeza (en ocasiones con su respectivo cerebro dentro), una boca y un corazón.

Seguramente no quizo darnos doble de estos, para que no la cagaramos tanto, según ella.

Nov 062008
 

El retrete de a oficina tiene un detalle, ni la tapadera ni el asiento se pueden sostener arriba, sin embargo tampoco se caen inmediatamente.


El estress, la prisa, el descuido o simple y llana pendejez siempre evitan que tome medidas al respecto, de tal suerte que, al momento de soltar el chorro del alivio, se vienen abajo de golpe, como impulsadas por una fuerza más fuerte que la gravedad.

En fin, he tenido episodios simpáticos que rayan en lo cómico.

1.- Dejar todo orinado, asiento, tapadera y un repasón en el despósito de agua por no cortar el chorro a tiempo.
2.- Siendo su servidor diestro, y siendo el baño algo pequeño, atrapar las madrolas esas con la mano izquierda a tiempo antes de interceptar el chorro en el ángulo en el que me encuentro parado, resulta en una posición extraña que a derivado en evitar mojar de nuevo los aditamentos antes descritos, no teniendo éxito por el contrario, en evitar mojarme la mano o la manga de la camisa.

* La primera vez que me ocurrió no conseguí  ni cortar ni cachar nada, ese quizá no fue simpático. Supongo parte de no cortar a tiempo el chorro es porque para cuando voy ya llevo mas de tres tazas de café y una coca cola zero, además del hecho que no lo hago sino hasta que las ganas de orinar son casi incontenibles, de ahi que cuando comienzo cierro los ojos en un catártico instante de alivio.