
Yo soy naturalmente pandroso y siempre he admitido que mi gusto por la moda es plano y sin rebusques, es decir, me gusta mucho la ropa genérica, ahora aprecio mucho unos simples jeans, unos tenis sencillos y una camiseta que se distinga por lisa o por algún diseño también, simple.
Eso luego me ha venido a favorecer, y estorbar.
Me ha favorecido por que con cierta facilidad la ropa que uso fuera de la oficina, como las camisas y pantalones, se pueden usar en la oficina, por su genericidad (la neta no se de dónde saqué esa palabra) pero por el otro lado me da hueva fajarme, mucha, y los jeans eventualmente terminan como si se hubieran atorado en la cadena de la bicicleta.
Claro está que si es realmente necesario, sigo las reglas de la etiqueta oficinística con total apego.
Por eso me gustaba mi trabajo de publicidad en el D.F. me podía vestir como si hubiera despertado debajo de un trolebús y ni quien dijera algo.
Hoy si me ha valido madre, somos sólo cinco en la oficina y pues ni que fuera tan grave.
Si me vieran de la cintura parriba no habría pedos, como conductor de noticiero, pero la comodidad comienza en los pies y sigue con un par de jeans de esos que por más agujeros que tengan y rotos que estén, ofrecen el cielo por confort.
Update: Cuando estaba tomando la foto se hizo más grande el desgarrado que tenían mis jeans en la entrepierna, suerte que no ando comando.