
Realmente necesitaba café

Realmente necesitaba café

…ellos por fin se encuentran.
No pensaba hacer de ésto un escrito, mucho menos publicarlo, pero desde que han ocurrido algunas cosas curiosas en lo que va del día de hoy, préstome para corregir mis intenciones y pasar a platicar cómo está este penoso asunto.
Después de haber tenido una pésima noche y un despertar tardío y forzadamente acelerado por irremediablemente tener que llegar tarde a la oficina, casi me doy un madrazo al inexplicablemente resbalarme antes antes de llegar a mi escritorio.
Me salvé gracias a mis reflejos de ninja – y una silla en la que me alcancé a sujetar- después de eso, me he sentado a esperar que el café se terminara de preparar en la cafetera, todo tranqui; me levanto al baño a enjuagar mi taza y me vuelvo a resbalar, menos ojete pero igual de fastidioso.
Comienzo a caminar con cautela, no como gato asustado, pero si tratando de no darme un madrazo, llegue a mi lugar y revisé las suelas de mis zapatos, pensé que había pisado algo aceitoso, pero no, tan “limpias” como ayer.
Lo peor del caso es que no veía a nadie caminar con dificultad ni nada.
Hace rato que salí de la oficina, en la esquina, un coche había golpeado a un motociclista repartidor o cobrador de algo, afortunadamente nada grave le pasó; – un pequeño accidente, pensé.
He regresado a sentarme de nuevo en la computadora, de pronto ya no sentí resbalar mis zapatos al caminar, acabo de poner atención a ello porque justamente un wey se acaba de caer detrás de mi; se resbaló in razón aparente, directo al suelo dejando sobre sí una nube blanca de documentos – y un folder tamaño oficio -
Supongo que me he salvado de algo el día de hoy, por lo menos lo menos medio día ha estado cerca.
Pasar a la farmacia y comprar píldoras para la memoria para acordarme que tengo que comprar otras para dormir.
Hoy llegué tarde a la oficina porque mi alarma no me despertó, porque la alarma del coche del vecino no dejó de chingar toda la noche.
La alarma no me despertó porque la alarma no me dejó dormir.
Necesito un café, pronto.
Ahora que llevo tres pinchazos en el cuello al intentar tomar un sorbito de café me doy cuenta – no sin una pequeña pero sustanciosa retrospección – que la historia de mi relación con las almohadas es, sin duda, desafortunada.
~Al momento de escribir esto ya empeoró el tirón en el cuello y está empezando a pensar en unos calzones recién quitados (de chica) para darse un masaje~
Ayer desperté con un leve dolor de cuello, dormí mal y nomás no puedo encontrar la posición correcta en la que todo mi cuerpo descanse, no sólo mi espalda, o mis brazos y mis piernas.
Cada tres o cuatro meses despierto con tortícolis, que es progresiva y empeora con cada hora del día y al terminar éste no puedo ni conducir el coche y un movimiento brusco del cuello puede inclusive bloquear el control de las manos por lo agudo del dolor. tengo que tomar pastillas para la inflamación que no sirven mucho, tomar también píldoras para el dolor con escazos resultados, lo único que me ayuda es descansar y dormir estrictamente boca arrriba con soporte en la parte trasera del cuello.
~Las almohadas no tienen mente propia, eso es lo que ellas creen~
Desde pequeño tuve broncas con estas herramientas del sueño, recuerdo cuando tuve una almohada que estaba rellena de plumas que, de haber sido un niño tarugo fácil hubiera yo pensado que eran plumas fuente, las puntas siempre salían de entre la funda y me picaban los cachetes y las orejas, introduje quejas a mi madre, pero como toda madre tenía un argumento a prueba de balas contra mi reclamo; si a ella no le picaba, tampoco me picaba a mí.
Luego en Tijuana, de vacaciones con mi padre, venían otros problemas en este mismo sentido; tenía que dormir en una cama con unas almohadas grandes y rellenas de una cosa como hule espuma quesque para evitar lesiones a largo plazo. Bueno, las lesiones de una día para otro no estaban contempladas. Siempre dormía remal y recuerdo haber renunciado a un viaje al Sea World porque me dolía mucho el cuello; también mi padre tenía un argumento contundente; – Te estas estirando, aguántate!
Y así han pasado estos episodios de tortícolis, claro que ha habido períodos largos y afortunados en que he podido olvidarme de este asunto.
~¡Todos por favor, hablenle de frente!~
Sólo puedo voltear la cabeza hacia la derecha, no puedo voltear para el otro lado para ver si aún queda café.

Me duele la cabeza, la siento como si estuviera rellena de esas cosas de hule espuma que se usan para embalaje de cosas delicadas; la muevo y casi puedo escuchar un *shuck shuck* suena como caja de hojuelas de maiz a punto de terminarse; anoche después de la jugada de dominó con los cuates y después de unas chelas, bailey’s rebajado con etiqueta roja y luego probar Jack Daniel’s con coca cola por primera vez – no estuvo tan mal como pensaba -, di aventón a una amiga y un carnal a sus casas, terminaron quedándose juntos en la casa de ella lo que me acortó considerablemente la travesía de vuelta a casa por lo que, sin chistar, decidí pasar a una de mis taquerías preferidas que afortunádamente me queda siempre rumbo a casa.
Esa taquería me gusta porque tienen el trip de hacer los tacos estilo… no se qué pinche estilo pero no es estilo local y eso ya es bueno cuando extraño tanto los tacos chilangos; tienen de suadero, bistec, costilla, lengua y chorizo, grasosos, con sabor a calle, un pequeño paraíso, pues.
Lo único que sí “destantea” es el taquero, un chavo del interior de la república, cachetón y cara de bonachón; pero es un pinche igualado, no porque yo me crea un ser superior ni nada, a mi me vale madre yo soy recampechano, me refiero a que a la primera que te conoce comienza a decirte cosas como – ¿de dónde vienes? -Has de venir de coger por la cara que traes de pedo feliz!
Y digo, ¿a mi qué? yo me como mis tacos, pago y me largo, pero en otra ocasión – y aquí es por lo que digo que es un pinche igualado – llegó un señor joven con una chica bastante guapa y de buen ver, uno ve y aprecia por el rabillo del ojo, se queda callado y regresa a la tarea de comer tacos, pero este cabrón no puede mantener su boca cerrada aunque sean perfectos extraños.
- Oye compa, ¿dónde levantaste a la morrita esa? está bien chula.
- Es mi novia pendejo.
- Uta perdón, es que como ya son las cuatro de la mañana pensé que venías del congal.
Retornando al tema de lo que cené y la cruda que traigo prosigo. Me comí cinco tacos y vine a cas, desperté a las 10:00 sintiendo que los tacos aún los estaba masticando, tuve que ir a platicar con el enano de porcelana para sentirme bien.
Ahora sólo me queda un dolor de cabeza, ya he tomado unas pastillas pero nada, mejor me recuesto a ver el partido de americano a ver quién se lesiona y sentir que pudiera estar peor.
Buen comienzo de semana a todos los dipsómanos allá afuera.
Si lo piensa uno un poco, los gafetes son como los lunares; su éxito está en función de su forma, apariencia y dónde lo traes puesto.