- Oye tienes tres días que no abres tu tienda carnal, había olvidado preguntarte.
- Si wey, pues, cerramos desde el viernes.
- Pero, ¿y eso por qué?
- Mmm, pues cerramos por inventando.
- Se dice por inventario.
- Más bien estamos viendo que inventamos para que venda algo la puta tienda!
~sigh~

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Rumbo a la cancha de Frontón, en un alto, de mi lado izquierdo se detiene un pick-up, he volteado para ver quienes iban como voltea todo mundo, sin ningún puto motivo, por instinto; dentro del vehículo iba una pareja con una niña de unos dos años, quizá tres (¿yo qué se?) y luego noté dos cosas muy estúpidas:
- La señora llevaba a la niña como perro, sobre su regazo y dejando que se asomara por la ventana. Pinche gente desconsiderada, cualquier choque, incluso uno “pequeño” le podría causar la muerte a esa niña, no entiendo por qué la gente no sienta y asegura a los niños cuando los llevan en el coche. Me caga.
- Lo más pero más sorprendente es que los padres de la niña (o lo que fueran de ella), llevaban cubrebocas puesto, la niña no. De ésto no tengo más que decir, me quedé bien ondeado, pude decirles algo o no se, estuve a punto, pero me tocaron el claxon porque estaba la luz verde y me descuidé, no pude ni siquiera pintarles el dedo de perdida.
Esta cosa va de picada (más).
A pesar de que en los primeros días la influenza como epidemia fue una situación vista como poco probable, prestada a bromas y – desgraciadamente – falsas esperanzas de un holocausto zombie, hoy ya, para muchos la cosa no es tan divertida y empieza a mermar la chispa de buen humor.
La verdad es que, a pesar de que algunos estemos bien informados, que seguimos las recomendaciones preventivas al pie de la letra y sepamos que si estamos atentos a los síntomas y nos atendemos a tiempo todo seguramente saldrá bien, el ambiente general ya está gachito y sombrío.
Hoy regresaron a la oficina dos compañeros que se estuvieron toda la semana pasada, Lupita (le decimos “Lupira” con acento gringo de cariño, y José Manuel) la verdad es que ya varios estamos nomás atentos a ver si de pronto uno comieza a sudar como cerdo o estornuda o se saca un moco en la falsa discreción y cobijo que sus cubículos proveen.
Pero no, no ha pasado nada que nos indique que algo ande mal. Sin embargo al jefe le tentó la idea de mandarlos a su casa a una mini cuarentena nomás para que pase el período de incubación del virus en caso de que estén contagiados, mañana veré eso.
En la ciudad ya no hay cubrebocas (¿o tapabocas?) pero dieron el aviso que ya viene un cargamento titánico directido de la Ciudad de México. Alguien ha de estar divirtiendose con ese Mind Game.
Vengo pensando que la cantidad de tapabocas en la ciudad no ha de haber sido mayor a unos miles de todos modos, pues no he visto a más de 20 personas en la calle usándolo. Aún no se han reportado muertes ni siquiera casos ciertos de influenza en la localidad, por ese lado, vamos bien y quizá todas estas medidas que suenen exageradas para una zona “limpia” sean de hecho medidas preventivas muy bien tomadas.
Lo anterior me recuerda que tengo una cerveza bien helada en el refrigerador, esta cerrada, intacta, voy a tomármela, bien tomada.
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Que bonito me quedó, snif.
Iba a platicarte de mi exnovia pero ¿qué culpa tienes tú?
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