Es que  a veces no entiendo.

Te veo cómo caminas por aquí, por allá, aparentando no saber qué pasa a tu alrededor, noto con el rabillo del ojo, el movimiento de tu falda a la altura de tus nalgas, no puedo mas que agachar la cabeza y desear que algun sujeto considerado se apiade de mi sorrajándome un madrazo detrás de la cabeza para terminar con la angustia de saber que tarde o temprano ineludiblemente veré cómo tus felices caderas llenarán mis pupilas, una vez más.

Y no entiendo cómo es que has llegado a gustarme tanto, tan re pinche mamona que eres.