Oct 272009
 

Ayer llegué a mi taquería de confianza y después de ordenar mis tacos de carne asada selecta de Sonora, con queso asadero derretido y con tortillas de harina, he volteado a la barra de salsas y para mi sorpresa – triste, pero al fin sorpresa – no había guacamole.

Si no hubiera sido porque es cuate el taquero y jamás antes me habían quedado mal con el guacamole, me cae que se los regresaba, pero no, me los tuve que tragar con la frente – sí, muy amplia – en alto, estoico y resignado  a engullirlos con todos los demás ingredientes a excepción de aquel que hace de mis tacos, unos tacos contentos.

En esta ciudad hay – como en todas partes, casi – dos tipos de taquerías, las de establecimiento chido y las de carrito de banqueta; de esas hay una especie de subtipo, las que están consolidadas y las que tienen una vida más efímera que una mosquito con leucemia; aquí, en este pueblo grande hay una cantidad de buenas taquerías que se pueden contar con los dedos de las manos, pero de personaje de los Simpsons; a ver, dejen las cuento… ~pone manos cerradas al frente y brincan dedos a la voz de “el chino” “el chino II” “Los del Sur” “Rancho Viejo”…~ ok… la neta no pasé de diez … hace unos meses quizá pudieron ser trece.

Y de las taquerías que son pésimas, malas y mediocres no hablaremos mucho, que hasta las tortillas saben rancias, el guacamole ni siquiera “pinta” – aguamole, pues – y son tacos “caciques” – con poca carne – y caros.

A estas taquerías no se les perdona, y su vida va en relación a una ecuación muy sencilla, las personas que pasan por allí con frecuencia, las que se animan a tragar allí y de esas, las que regresan porque seguramente cuando fueron esa primera vez iban hasta el tronco de pedas que lo que querían era que le cayera algo a la panza y ni recuerdan dónde estaban parados.

Recuerdo con suma nostalgia la taquería de la que nunca supimos el nombre pero terminamos llamándola “la taquería del igualado”. Esta taquería la atendía un chavo que sin conocer a quien llegaba – siendo sinceros, a las 4 a.m. es puro borracho trasnochado buscando bajar avión – luego luego le sacaba plática imprudente e incómoda, como cita primordial tenemos lo que le dijo a un señor que de hecho llegó sobrio y que sólo tenía finta de ir rumbo a casa después de echar el poker con los cuates:

- Qué tal maistro? qué tal estaban las morritas en el <inserte nombre de congal>? mire, vengase pacá para que le de el humo y se le quite la peste a vieja.

El problema era que no era mal pedo el wey y preparaba las costillas como los grandes, un día dejó de ir, y la taquería se fue a pique, la ultima vez que fui estaba atendiendo el dueño, un señor flacucho y bonachón pero con un tacto indigno para hacer tacos y peor, para preparar las carnes. No he vuelto y no creo volver.

Un taquero tiene una obligación, un peso pipilesco sobre su espalda, cada día que se levanta, no puede fallarnos. Acá, donde vivo, no perdonamos mucho y, de manera tácita, entre cuates, cada cierto tiempo hacemos reconteo y evaluación de taquerías, tristemente cada vez una se ha de ir a la lista negra, sea por un penoso caso de chorrillo o por ofrecer guacamole pitero, aumento de precio irracional o una indigestión marca diablo.

Acá seguimos a los taqueros, no a las taquerías, como un ejecutivo que cambia de oficina y anuncia a sus clientes que se mueve y se lleva sus cuentas a la competencia que lo contrata, así se mueven los taqueros en esta ciudad; Y lo seguimos. Y la taquería que deja tristemente comienza a morir para dejarla de ver en unos meses.

Están las taquerías que son malas pero que son las únicas que quedan abiertas a las seis de la mañana, a esas vamos porque a esas horas es mejor comer esos tacos que ni recordarás por la peda, a llegar a la casa a comer atún con salsa catsup directo de la lata.

La oficio de taquero, el de buen taquero, es noble, este humilde sujeto es quien tiene que alimentar a toda la gente peda que ya soportó el barman – otro noble y abnegado servidor de la comunidad -, le debemos gran respeto y debemos ser más tolerantes cuando fallan en algo, todos tenemos un mal día, un mal taco.

Como los peluqueros arreglan nuestro cabello, el mecánico nuestro coche, el taquero arregla nuestra desvelada alma alegrando nuestra panza.

Los mexicanos, aunque quizá no lo reflexionemos, tratamos a los taqueros como a los mecánicos: Cuando encontramos uno chingón, no lo soltamos hasta que se muera.

Oct 222009
 

Sinopsis:

Los mexicanos eligen a un presidente honesto, representantes en las legislaturas son capaces, honrados y sobre todo preocupados por el bien común. La corrupción y el crimen organizado pasan a ser sólo un mal recuerdo.

Título: Full Mental Jacket

Oct 072009
 

Estaba trabajando en una oficina que estaba a su vez en una especie de vecindad que estaba en  una cuadra en medio de algo que era como una mini colonia en medio de un bosque.

Estaba entonces en mi oficina, el jefe era un wey de cabeza desproporcionadamente grande y con un casco estilo Emperador Mink con el logotipo de Telcel por detrás; l era color verde y con cara larga del tipo de las brujas de los cuentos; el jefe era un pendejo y era fácil escabullirze de la oficina para lo que fuera.

Me escapé para ir a hacer algo que olvidé; decidí solventar la omisión de lo que iba a hacer aventándome una siesta entre dos jardineras, luego me desperté porque donde me había alargatado para dormir era una banqueta camino a otras oficina y todo mundo me pasaba por arriba y uno que otro me alcanzaba con la punta o el talón de su zapatos.

Me levanté, mi camisa era blanca y estaba llena de huellas zapatos, tenis y patas de animales domesticos; sed, de pronto tenía sed y me tengo que tirar pecho tierra hacía una llave de agua a unos metros frente a mí, mi jefe pasó cerca platicando con la secretaria sobre cómo nunca había probado un caldo caliente, llego a la llave de agua y al abrirla sale agua con música de Cut Copy, tomé mucha agua y los primeros tragos fueron de la canción So Haunted, cuando comencé a saciar mi sed volteo la mirada hacia un pasillo del pequeño complejo de oficinas y encuentro a dos viejos amigos de la primaria, una chica y un señor ya bastante mayor que yo, deduzco en el sueño que su edad no esta pareja con la edad de la chica y la mía porque cuando era niño era brutísimo y repitió tantas veces quinto y sexto de primaria como yo repito las tapas de chistorra madurada.

Este señor gordo y pelón (y ahora también, bruto) resultó ser Edgar Vivar que andaba de incógnito (yeah right) en busca de una vida menos pública.

Después de eso, el sueño se torna borroso, y clicherísticamente un sonido que viene del espacio exterior inunda el aire, mi jefe llega por mi y recibo un Direct Message en mi blackberry que me dice: Ya despierta!

Despierto, estoy cubierto con doble sábana y por mi ventana aún se puede apreciar la noche en retirada, era un sueño entonces, pero aún no sonaba la alarma ni nadie me había llamado por teléfono ni nada.

Otoño suena en mi cabeza.

Oct 062009
 

Como he traído el cerebro destrozado por tantas preocupaciones, pendientes, encargos, peso espiritual, alma diluída, broncas gratis, café aguado y crudas de todos los ámbitos del espectro resaquesco, hoy me aviento un refrito de un post que escribí en algún momento del 2007 titulado “La Profundidad del Caldo” y que paso a transcribir a efecto de no poner link y hacerles gastar más clicks que, si lo pensamos bien, de esta otra forma no necesitan y pueden luego ir a hacer click para otra cosa que pueda, o no, resultarles más útil.

Si llegasen a desear ir al pasado no tan regrifo para sentirse como así, retro y leer el post en el lugar y momento en que nació, pásenle al campo de Search en la barra derecha de navegación, sea pues, aquí está:

La Profundidad del Caldo

A mi mamá le gusta que coma con ella de vez en cuando, a mi también me agrada porque siempre me cuenta cosas de sus amigas y sus parrandas, méome de la risa siempre porque la jefa tiene puras amigas que pueden ser personajes de una caricatura.

Claro, de una mujer tan liberal, tan hippie, no se pueden esperar los grandes platillazos gourmet, ahora tiene su kit de platillos a toda madre, antes, cuando era yo un niño, le quedaban malas hasta la sopas maruchán (sí, con acento), y lo único que perfeccionó en mi infancia, para mi desgracia, era el licuado de plátano con vitaminas y huevo, me lo tomaba sin respirar y apenas terminada pócima babosa corría como alma que lleva el diablo al baño a enjuagarme la boca, no lograrlo a tiempo implicaba vomitarlo, y tener que beberme otro vaso de licuado, mi madre preparaba siempre uno de más, el vaso contingente.

Así es que en la acutalidad mi mamá se desempeña de forma más que aceptable en las artes culinarias (yep, siempre suena fea la palabra), en su reducido menú se encuentran como protagonistas, el picadillo, caldo de mariscos, caldo tlalpeño, bictec ranchero, parrillada, camarones al ajillo, hígado encebollado (que me recuerda al café de mi ex-oficina) y calabazas con queso.

Hace una semana preparó caldo de mariscos (de donde le copié la receta pa cuando no hay jefa que lo haga), comimos a toda madre, y al final de la comilona me dice que ponga el caldo al fuego de nuevo, que lo deje que suelte un hervor y apague el fuego y lo tape para después dejarlo enfriar y guardarlo en la nevera para posterior consumo sin que se eche a perder. Yo atento siempre a los consejos de la sabia madre, seguí instrucciones, preguntando por supuesto las razones de tan peculiar procedimiento.

Me dice mi madre que como a los caldos se les mete la cuchara una y otra vez, y los destapas y todo eso, que es necesario hervirlos para que se, digamos “purifiquen” y poder guardarlos, si se les mete una cuchara de nuevo entonces habrá que hervirlo de nuevo.

Asumó que siendo un conocimiento que viene de generaciones atrás, que acarrea sabiduría de sepa cuantas personas, asumo el procedimiento y lo adoptaré en mis prácticas gastronomicas, a los caldos.

Ahora me tocó comer con mi madre de nuevo, esta vez, preparó bistec ranchero, le sale rechingón, hoy especialmente le quedó bastante “caldudo” pero muy sabroso como siempre.

Cuando terminamos de comer, quedó bastante en la olla, lo que hice claramente fue encender el fuego y ponerlo a hervir.

Esta es una representación de la conversación que siguió al evento de la flama y el bistec:

Jefa: – ¿PERO QUÉ HACES? -
Semidiós: – Pues ma, poniendo a hervir el bistec que quedó, para que no se eche a perder! -
Jefa: -NOOOOO, ¿POR QUÉ?, SI ESO NO ES UN CALDO! -
Semidiós: – ¿Oye pero que no me dijiste que a los caldos se les hace eso? y lo que veo si me asomo a esta olla es por mucho lo que yo llamaría “CALDO”, ¿ya lo viste? las verduras y las tiritas de bistec están nadando en caldo! -
Jefa: – !QUE NO!… ¿CÓMO SE LLAMA LO QUE PREPARÉ?-
Semidiós: *voz queda* – Bistec Ranchero -
Jefa: – Bueno, pues cuando prepare algo que se llame CALDO DE BISTEC RANCHERO, LO HIERVES!, ya no me gastes gas, tapa eso y guárdalo en el refrigerador -

Supongo que tengo mucho que aprender de gastronomía… y de las pinches viejas.

Oct 062009
 

Los días han estado medio raros, llevo varios días que no tengo cabeza para escribir aquí en el blog, nada de más de cuatro líneas, nada extenso.

Ese es mi problema, siempre que llega algún asunto que representa un problema – sin mencionar que a veces llegan más de uno – me quedo clavado en ello y en mi mente creo miles, miles de escenarios alternativos, todos con distintas tragedias, ninguna que me favorezca, ninguna que siquiera me deje conforme.

Soy catastrófico,  apocalíptico, armagedónico, dantesco y pavoroso.

Pero pesimista nunca.