Nov 232010
 

Ayer me enteré del fallecimiento del maestro Hernán, él fue el Director de mi primaria, él me descubrió entre la bola de compañeros burros que tenía y me dijo - chamaco tu sí sabes leer y escribir muy bien, te voy a meter al concurso estatal de escuelas primarias y vas a ganar -

En una ciudad tan pequeña y el Director era de famlia conocida y mi madre y abuela luego luego dijeron que a huevo, que apoyaban que entrara al concurso.

No sabía lo que era concursar, no entendía dónde estaba el pedo que se traían entre escuelas que mandaban a niños a leer y escribir enunciados en un pizarrón, yo no me podía prepcupar, solo hacía lo que sabía hacer bien.

Gané.

Mi Director se puso feliz, él personalmente me llevo a la Piñata-Ceremonia de entrega de los premios en “La Cueva de los Leones”, salón de eventos propiedad del Club de Leones A.C.

Luego en la ceremonia de final de cursos al final me llamó al frente, me levantó y me cargó para decir que yo había puesto en alto el nombre de la escuela y que había roto la maldición.

En efecto se rompió la maldición, en mi generación había compañeros muy inteligentes y dedicados, siempre fuimos a concursos juntos y siempre ganamos durante los seis años de primaria, individualmente cada quien ganaba en sus materias preferidas y como equipo no habia primaria que nos hiciera rasguño, nos la pelaban, ni modo.

Ya no recuerdo su rostro muy bien, no recuerdo el rostro de muchos maestros que tuve, al último día de primaria, era tarde, oscurecía y solo me importó despedirme de un par de niñas que ya pasaban a sexto, recuerdo que les dije – ya vendré a visitarles a la salida.

No me despedí ni de mis compañeros de salón, ni de tantos maestros, ni de los conserjes que fueron como niñeros en los recreos, ni del director, el profe Hernán.

Y me fui.

Me acordé de cuando ese señor tan agradable jefe de mi primaria que con una carcajada y una paternal palmada en la espalda me dijo - no no, Christian, no llores que es sólo el nombre, ni es cueva ni tiene leones.

Nunca había dado cuenta que nomás hay una verdadera forma de irte para no volver.

En paz descanse querido Director.

Oct 252010
 

Diez años después se ven las caras desde los extremos confusos de la ridiculamente pequeña mesita del café con vista al mar.

Están nerviosos, a él le tiembla una rodilla; ella quiere verle a los ojos pero al segundo milisegundo tiene que voltear la mirada al horizonte de agua y cielo.

No hay razones para estar sufriendo de esa cosa incómoda si no ha pasado tanto tiempo, o más bien, parece que fue ayer; se repiten uno al otro que se ven igualitos, incluso con más gracia, la edad y los buenos genes están haciendo de ellos una obra maestra comentan y se ríen; las primeras sonrisa  rompen el hielo y él consigue fuerza para alcanzar su mano y sonreirle a los ojos.

Latte, espresso doble cortado y una pieza de pastel de frambuesas.

Como si la chica del mostrador estuviera pendiente de colocar soundtrack al Sol que se metía,  comienza “Next Exit” de Interpol.

La siguiente salida.

Se miran a los ojos, voltean al mar desde la terraza para ver el atardecer.

Parece que fue ayer y no es así.

Recuerdan cómo habían pensado hacer cosas tan “en grande” que sometieron al descuido el rodear su vida de lindas pequeñeces.

Y después de todo a él sí se le notan un poquito las patas de gallo y ella ha perdido un poquitín ese aire de preparatoriana que le distinguía.

Se mete el Sol, el pastel y los cafés se terminan. Están contentos.

El próximo encuentro terminará al ritmo de AC/DC y se regalarán una buena noticia.

Oct 142010
 

Aunque se les  haga agua el jitomate, este es un podcast de prueba; @nenamounstro y su servidor, para grabar este asunto sin querer hemos coincidido entre nuestras múltiples ocupaciones que incluyen de la nena el dar servicio a dos gaseros y al wey de la electropura y en las mías  la agotante tarea de andar capoteando a las siete gordas que viven en nuestra vecindad y una anoréxica ninfómana de la oficina.

Así pues, no se vistan elegantes que no es de etiqueta, nomás cuando tengan el tiempo escuchen el podcast, hay una bronca con la grabación de mi voz y esperamos resolverlo para el próximo podcast que será el día menos pensado.

La charla es improvisada pero todo el ondeo ha sido con cariño aunque nomás haya sido un cale.

Esperando que no les aplique la ley del cloroformo aquí está para que le piquen play.

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Oct 042010
 

Cuando se es niño uno crea sus juegos y sus reglas. Juega juegos que han aprendido gracias a la generación mayor, su hermano o viendo como lo juegan  los de quinto grado, en la primaria.

Y siempre, como niños, padecíamos perpetua jaspia por la novedad, la sorpresa, la diversión sin igual y la pura chacota.

No importaba si jugábamos un juego más viejo que las nalgadas, si en el momento surgía alguna mamada que no nos convenía y atentaba contra nuestros principios – guanguísimos por supuesto – de legalidad, justicia y equidad, en menos de lo que canta un gallo ya estábamos gritando con ira sobre una nueva regla que nadie más que uno conoce porque acaba de salir según la organización mundial del juego en cuestión.

Digamos que quería arrimarme a la güerita que me gusta y me estorba un idiota en medio, brinco inmediatamente para aclarar y resolver que, siempre que esté una güerita seguida de un gordo que huele mucho a churros con cajeta éste debe salirse a quitarse lo pegajoso de las manos y cederle lugar al que sigue en línea. Aquí uno al final menciona firme que es el último boletín de la Federación Mexicana de Las Cebollitas.

Inventando reglas al vapor todos, cuando eramos niños, nos hicimos de canicas, trompos, nos descubrían a lo último si jugábamos a las escondidas con una niña o hasta pudimos escapar de algún bully que por extrañas razones creía en la regla de no golpear a un nacido bajo el signo de Aries en viernes si está haciendo mucho calor.

Con las reglas los niños no tienen respeto, en principio nadie le tiene respeto a las reglas en tanto no las aprende, asume y sobre todo las entiende.

La forma más sencilla de consolidar reglas haciendo que quienes deberán atenderlas las entiendan y comprendan por qué hay que obedecerlas.

Cuando somos niños, a veces nos enfermamos, otras nuestra mamá nos dice que estamos enfermos y tenemos que hacerle caso.

Lo hermoso de ser niño es que el termostato aún no nos funciona. Yo no recuerdo sentir frío o calor. No recuerdo temperaturas y me ponía un sweater cuando mi mamá sentía frío, no yo, yo estaba hecho un mar de sudor con la lengua de fuera, pero si a ella le pegaba un chiflón por detrás de as orejas tenía que regresar a jugar al gato con sweater y gorro para la risa de mis colegas jugandos; las burla le tocaba a todos, las mamás estaban interconectadas como por telepatía, si le daba frío a uno sólo era cuestión de media hora para tenernos a todos en uniforme de invierno, en el infernal Septiembre.

Otra cosa que cuando somos niños nos viene valiendo madres es la moda. Hay muchas cosas más interesantes que vestirnos bien, o mal; encontramos algunas garras que se convierten en nuestras favoritas y listo, no las soltaremos ni para que las laven.

Creo que yo sí tuve shorts que se quedaban parados de las costras de lodo que albergaban y tuve mapas de mugre en los brazos.

Recuerdo ahora mientras escribo este post que en alguna época entre mis cinco y ocho años mi abuelo me regaló un par de botas vaqueras, yo no era fan de los vaqueros ni de la moda ranchera, sólo se le ocurrió dármelas; abrí la caja, tomé las botas y me las puse.

No volví a quitármelas en meses.

Cuando comencé a sospechar que mi abuela y mi madre planeaban tomarme descuidado y deshacerse de las botas – que huelga decir, ya apestaban como vacas muertas – decidí ni siquiera quitármelas para dormir, vivía estresado y dormía con un ojo abierto aguardando el momento del ataque por cualquier flanco.

Después de varias semanas de incómoda calma, pensaba que había triunfado cuando llegó a despertarme un señor espantoso, apestoso, chimuelo y que olía a muebles mojados, me dice – DAME ESAS BOTAS, QUÍTATELAS!

No volví a ver al viejo borracho que me quitó las botas. Tampoco a las botas.

En el barrio  había un par de viejos locos y borrachos que me daban mucho miedo, le pagaron a alguien que se parecía a ellos. Muy astutos.

Y de pronto hemos crecido, estamos en los veintes y salimos de los veintes para vivir en los treintas y no hayamos qué reglas inventar para dejar de vivir bajo tantas reglas.

Vivimos retacados de reglas que no inventamos, que no nos gustan, pensando y luchando por forjarnos días en los que podamos volver a jugar a que nada importa, aunque sea eso, jugar.

A veces para alimentar al niño que aún vive dentro de nosotros sólo hace falta sacarnos un moco en la fila el banco o tocar guitarra de aire en tu oficina con tus headphones a todo volumen.

Aprender a crecer sin envejecer.

Sep 112010
 

La noche comienza con la esperanza de algo que ocurra, fuera de las desesperanzas e ilusiones cotidianas.

Llego al bar donde están conocidos y amigos,  a veces amigos desconocidos, esos que se hacen gratis y con los que rara vez interactuas. Los tragos fluyen a paso cierto, a dos por uno pido que uno de los dos whiskeys venga sin hielo, para agregárselo hasta cuando le toque morir.

Es una noche extraña, no en mal sentido, es extraña-buena, hay gente diferente en un bar de gente siempre conocida, me encuentro justo entrando a una exnovia de hace ya tiempo, es buena amiga y platicamos un rato muy agusto antes de despedirse para ir a la mesa con sus amigas a beber vino y jugar dominó.

Y entran las memorias de música y aromas de otros momentos que sobresalen de entre la plática a mi alrededor que escucho como se escuchan los adultos en las caricaturas de Charlie Brown; las noches invertidas, las ganas de alimentarme de cachos de planeta, tanto tiempo imvertido en no ser nada queriendo hacer todo.

La noche termina para el bar y nos corren amablemente mostrándonos la libreta sin hojas en la que sambuten la cuenta rayada a mano pero siempre confiable, es el mejor bar del mundo. Hay otra fiesta, vamos todos los que estamos, bebemos todo lo que tenemos.

Y unos bailan, yo no bailo por más borracho que ande, no se me da, como no se me da comer nopales, la noche parece de Otoño y regresan recuerdos adentro. Recuerdos que me hacen aspirar profundo como queriendo dejar sin aire a todos en la fiesta, y cayeran desmayados en desaire.

Ella se acercó a preguntarme qué hacía mirando al cielo, alienado, sin bailar.

- Yo no bailo, invierto mi tiempo en “nonsense”.

Feb 282010
 

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Temas: Chelas, birria, pulgas del Cartucho, Haití y Chile, Twitter, cosas de antaño y así.

Música: Hot Chip “One Life Stand” / Moi Caprice “Riding in Cars with Girls” / White Rabbits “While We Go Dancing” / Aqueduct Growing “Up with G’N'R” / Fondo: Elemental Gaze “Behind the Window I see”

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Feb 172010
 

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Temas: Amor, Café de Emergencia, Carnaval  y Accidentes de la infancia.

Música: Loveninjas, Band Of Horses, The Mary Onettes y The Shout Out Louds.

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Dec 292009
 

Ya tenemos todos hueva de preámbulos y solemnidades, el año acaba y lo que queremos es que, acabe; así que respetando todo ese asunto de la desesperación colectiva y demás demonios que todos se cargan a cuestas, aquí mejor les dejamos el podcast de fin de año que de eso, no tiene mucho. Snif.

gracias

Temas: Variado, Propósitos de año nuevo, twitterstars, azotes, la risotada fácil y whatnot.

Música: Los Re#, The Big Pink, Pipe Llorens y Arctic Monkeys

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P.S. Feliz 2010.

Dec 222009
 

Ya son las épocas de Merry Crisis and a Happy New Fear, así que como una pequeña manera de agradecer a nuestros fans, mi carnal Beam y su server hemos grabado un pequeño podcast improvisado y chacotero para que, si no tienen nada mejor qué hacer, le den un soberano CLICK A PLAY y se sienten a pendejear con nosotros.

P.S. Los queremos mucho, snif.

emosucks

Temas: Nada, Bla’s improvisados, y parleada chacotera.

Música: Javiera Mena, Julian Plenti, Drop Nineteens y The Xx

 

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