Cosas cotidianas


El color de la conversación vía SMS cambió brúscamente cuando el sistema de autocorrección de mi celular – al que apenas me estoy adaptando – envié sin revisar un mensaje que decía algo así:

- Oye nena, qué tal si mañana voy a tu casa para ver pelos?

Muchas relaciones duran mucho tiempo más del que debieron durar sólo por la falta de valor para tocar el incómodo tema del “hasta aquí”.

Una apocalipsis privada con su mini holocausto zombie.

Física Cuántica es llegar a una fiesta y ver cuántas chicas presentes están buenas.

Recuerda que no hay antídoto para la muerte por eso hay que estar atento a los síntomas.

Ella estaba sentada frente al mar, se notaba que tenía frio, se abrazaba a sí misma amarrándose al mismo tiempo los brazos en su bufanda de lana blanca. Su cabello, un poco en el aire, otro poco sobre su rostro, sus hombros.

Llegué desde la acera y bajé a la playa, sentada justo donde comienza la inclinación donde las olas más fuertes alcanzan la arena, miraba al infinito, como ida, como muerta esperando que le cierren los ojos con la palma de la mano, como en las películas.

Me senté a su lado, no la había visto nunca y su rostro sin embargo me era tan familiar, volteé la mirada al mar, repasando el panorama, el aire y las gaviotas, los barcos y pequeños botes cerca y lejos, las oscuras nubes de la tempranera tarde que dejaban caer un rocío muy fino y frío – moja tontos, decía mi abuelo – que calaba los huesos; – si había modo de recordar un buen invierno en la costa, era con estas lluvias que duran semanas y enfrían el alma – pensé mientras trataba de saber qué cosas tan tristes pasaban por esa desconocida que había abordado por… quizá por la misma causa que yo he venido a esta playa, tal vez por la necesidad de hacer exactamente lo mismo que ella, sentarme a ver lejos, en silencio. Y yo allí estaba, interrumpiendolola en  su pensar, su ver, su contemplar. Es tan hermoso ver al horizonte e imaginar lo vasto del mar y la soledad de las islas en el medio del oceano.

Entonces estaba allí sentado a su lado, pretendió no notar mi presencia y tuve que hacerlo obvio  -más -

- Hola

Se liberó una mano de la bufanda para recogerse el pelo cubriendo sus ojos, voltea a mí

- Hola

- Suena tonto pero… ¿Qué haces aquí sola?

- Te podría preguntar lo mismo, pero eres hombre y para responder sólo puedes decir algo clásico como que te gusta filosofar y meditar frente al mar y ya; pero yo, yo vine aquí porque me gusta mucho este rincón de la playa, me gusta sentir este frío esta tarde, me recuerda un lugar y un sentimiento.

- Ves, tu también eres filósofa.

- Los filósofos buscan respuestas, yo no busco nada, si te has sentado aquí a mi lado con intenciones que ignoro, tan siquiera presta atención a lo que te respondo, no?

- Disculpa tienes razón entiendo, entiendo.

Soltó una ligerísima sonrisa mientras agachaba la cabeza a sus brazos cruzados meneandola de un lado para otro en un “No” condescendiente.

Saqué mis cigarrillos y le brindé uno, lo aceptó con gusto, se me ocurrió graciosamente que parte de su tristeza era que se moría por fumar y había dejado sus cigarrillos en casa.

Fumamos, los dos en silencio, ella terminó rápido y apago la colilla en la suela de su zapato y me la regresó apagada

- ¿Podrías llevártela y dejarla en un cesto de basura, o quedártela de recuerdo?

Sonrió de nuevo pero ahora dejó ver sus dientes, y se hicieron un par de hoyuelos en sus mejillas y sus ojos miraron fíjamente a los míos, profundos con todo el azul de todo el mar, fue un instante que se quemó en mi cabeza para siempre.

Se apoyó en mi hombro para ponerse de pie, se sacudió el trasero con infantil gracias, camino y se paró frente a mi dando la espalda al mar.

Levanté la vista para alcanzar su cara siguiéndo su cuerpo desde sus pies;  esa mirada con esos ojos que se hacen chiquitos. Se acomodó la bufanda y metió sus manos en las mangas de su sweater y cruzó sus brazos frótandose, de seguro le pasó un escalofrió, yo también resistía un poco el efecto de la llovizna, evitaba sonar los dientes.

- ¿Me regalas otro cigarro?

Abrí la cajetilla,  dejé que ella lo tomara, se lo encendí.

- Gracias, ahora yo me quedo con éste de recuerdo tuyo.

- ¿Recuerdo? ¿Tú me quieres recordar que he venido a interrumpir tu soledad y creo que hasta es por eso que ya te vas?

Sólto una carcajada, corta y bajita, se agachó y me besó.

- Es tan lindo que no estés teniendo idea de lo contenta que me ha puesto que hayas llegado a interrumpir mi soledad. Chau, si tú te acuerdas de mí, entonces nos veremos pronto.

Se dio la vuelta y se fue, no la seguí, hasta ahora no se por qué no lo hice pero algo me dice que ella no lo hubeira permitido.

Recuerdo  su bufanda esponjosa larga, de lana blanca, sus ojos mirándome entre su cabello castaño y sus delgados dedos asomándose de las mangas de su sweater vino de cuello cuello en “V”, y el color de sus labios en la colilla del cigarro, claro que me acuerdo de ella. No la he olvidado, y no la he vuelto a ver.

-

Cuando busco alguna cosa y después de un rato resulta que la encuentro justo a un lado de mí y me dicen – Si hubiera sido un león te come – se me hace un dicho bien pendejo, es obvio que si fuera un pinche león o una mamba africana o un cocordilo me carga la madre.

Uno tiene cohesión neuronal para no decirle a alguien que si aquel pichón hubiera cagado un piano su coche se hubiera ido a la mierda.

Para mí, que gozo de plenas facultades mentales y una sensatez que da miedo -bueno, no da miedo, pero a veces pone a pensar al insensato-  un PARO NACIONAL sería que todos los mexicanos depositaran un varo a mi cuenta sin hacer preguntas.

Eso sí es un paro.

Ayer llegué a mi taquería de confianza y después de ordenar mis tacos de carne asada selecta de Sonora, con queso asadero derretido y con tortillas de harina, he volteado a la barra de salsas y para mi sorpresa – triste, pero al fin sorpresa – no había guacamole.

Si no hubiera sido porque es cuate el taquero y jamás antes me habían quedado mal con el guacamole, me cae que se los regresaba, pero no, me los tuve que tragar con la frente – sí, muy amplia – en alto, estoico y resignado  a engullirlos con todos los demás ingredientes a excepción de aquel que hace de mis tacos, unos tacos contentos.

En esta ciudad hay – como en todas partes, casi – dos tipos de taquerías, las de establecimiento chido y las de carrito de banqueta; de esas hay una especie de subtipo, las que están consolidadas y las que tienen una vida más efímera que una mosquito con leucemia; aquí, en este pueblo grande hay una cantidad de buenas taquerías que se pueden contar con los dedos de las manos, pero de personaje de los Simpsons; a ver, dejen las cuento… ~pone manos cerradas al frente y brincan dedos a la voz de “el chino” “el chino II” “Los del Sur” “Rancho Viejo”…~ ok… la neta no pasé de diez … hace unos meses quizá pudieron ser trece.

Y de las taquerías que son pésimas, malas y mediocres no hablaremos mucho, que hasta las tortillas saben rancias, el guacamole ni siquiera “pinta” – aguamole, pues – y son tacos “caciques” – con poca carne – y caros.

A estas taquerías no se les perdona, y su vida va en relación a una ecuación muy sencilla, las personas que pasan por allí con frecuencia, las que se animan a tragar allí y de esas, las que regresan porque seguramente cuando fueron esa primera vez iban hasta el tronco de pedas que lo que querían era que le cayera algo a la panza y ni recuerdan dónde estaban parados.

Recuerdo con suma nostalgia la taquería de la que nunca supimos el nombre pero terminamos llamándola “la taquería del igualado”. Esta taquería la atendía un chavo que sin conocer a quien llegaba – siendo sinceros, a las 4 a.m. es puro borracho trasnochado buscando bajar avión – luego luego le sacaba plática imprudente e incómoda, como cita primordial tenemos lo que le dijo a un señor que de hecho llegó sobrio y que sólo tenía finta de ir rumbo a casa después de echar el poker con los cuates:

- Qué tal maistro? qué tal estaban las morritas en el <inserte nombre de congal>? mire, vengase pacá para que le de el humo y se le quite la peste a vieja.

El problema era que no era mal pedo el wey y preparaba las costillas como los grandes, un día dejó de ir, y la taquería se fue a pique, la ultima vez que fui estaba atendiendo el dueño, un señor flacucho y bonachón pero con un tacto indigno para hacer tacos y peor, para preparar las carnes. No he vuelto y no creo volver.

Un taquero tiene una obligación, un peso pipilesco sobre su espalda, cada día que se levanta, no puede fallarnos. Acá, donde vivo, no perdonamos mucho y, de manera tácita, entre cuates, cada cierto tiempo hacemos reconteo y evaluación de taquerías, tristemente cada vez una se ha de ir a la lista negra, sea por un penoso caso de chorrillo o por ofrecer guacamole pitero, aumento de precio irracional o una indigestión marca diablo.

Acá seguimos a los taqueros, no a las taquerías, como un ejecutivo que cambia de oficina y anuncia a sus clientes que se mueve y se lleva sus cuentas a la competencia que lo contrata, así se mueven los taqueros en esta ciudad; Y lo seguimos. Y la taquería que deja tristemente comienza a morir para dejarla de ver en unos meses.

Están las taquerías que son malas pero que son las únicas que quedan abiertas a las seis de la mañana, a esas vamos porque a esas horas es mejor comer esos tacos que ni recordarás por la peda, a llegar a la casa a comer atún con salsa catsup directo de la lata.

La oficio de taquero, el de buen taquero, es noble, este humilde sujeto es quien tiene que alimentar a toda la gente peda que ya soportó el barman – otro noble y abnegado servidor de la comunidad -, le debemos gran respeto y debemos ser más tolerantes cuando fallan en algo, todos tenemos un mal día, un mal taco.

Como los peluqueros arreglan nuestro cabello, el mecánico nuestro coche, el taquero arregla nuestra desvelada alma alegrando nuestra panza.

Los mexicanos, aunque quizá no lo reflexionemos, tratamos a los taqueros como a los mecánicos: Cuando encontramos uno chingón, no lo soltamos hasta que se muera.

Si fuera posible meter en una bomba esta resaca tan cruel que ahora traigo, se acabarían las guerras.

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