Jan 312012
 

Hoy cuando estaba con un amigo comprando masa de maíz para hacer unas empanadas experimentales me llegó un recuerdo que tenía mucho que no recordaba, las tortillas sancochadas que hacía la señora que alguna vez le ayudó en la cocina a mi abuela, yo era un niño apenas en primero o segundo de primaria.

Recuerdo que llegaba a casa al mediodía, mi abuela y la señora cuyo nombre no recuerdo (no estuvo trabajando mucho tiempo tampoco, si acaso unos meses) estaban ya en la cocina encargándose de la comida del día; mi abuela era la chef ejecutiva de la casa y cocinaba cosas deliciosísimas, dede bistec ranchero de lujo, carnes asadas, lengua, morcilla y toda clase de cosas que de pensarlas ahora (con sólo cereal en la panza como cena) me acuifican (palabrita inventada) la boca, la señora era quien le ayudaba a preparar otras cosas como salsas, postres y limpiar, pero tenía una cosas con lo que se convertía en la protagonista: las tortillas de maiz.

No recuerdo en tantos años una sola vez que a mi abuela le hayan quedado buenas las tortillas, de maíz no sabía hacer y las de harina que deberían ser de cajón en una mujer que creció entre tortillas de harina (por lo de la tradición del pueblo en que todas las mujeres aprendieron a hacerlas) le salían también malísimas. Ni modo, esa era una realidad aunque sí las preparaba y nosotros nos las comíamos porque las tortillas de harina como las cervezas, jamás se desperdician.

Regreso a la  señora pinche, o ayudante de cocina, pues.

Decía que esta mujer que ayudaba a mi abuela en la cocina tenía una gigantesca gracia y esa era sus tortillas de maíz de ensueño; recuerdo el aroma de la masa en el comal de hierro y ver el vapor traspasar el trapo con el que las iba cubriendo, iluminado por los rayos del sol que entraba por las ventanotas.

Tenía un truco, las dejaba a 3/4 de cocción como si fueran steaks, les llamaba “sancochadas” y eran tan tiernas, con mantequilla eran una real suculencia, yo todo el tiempo comía tantas que provocaba dos cosas: me empachaba o me regañaban por no dejar que se hiciera la pila de tortillas; era muy fácil acabar con más de mdio kilo de ellas, eran simplemente extraordinarias.

A esta fantástica señora que hacía tortillas sancochadas no le recuerdo  mas que (además de su preparación estrella) su rostro ya borroso en mi mente, de mejillas algo hundidas, su rostro era de ya unos 60 años, era muy delgada, la única foto  que yace en mi mente es con su vestido azul de hechura muy simple y un delantal de cuadros blanco, azul marino y azul cielo.

También recuerdo bien su sonrisa cada vez que veía mi cara de contento.

Oct 092011
 

Caminar de noche bajo la lluvia a veces es como llorar, o anticiparse a las lágrimas;

poner pie, por error, en un charco invisible sobre la oscurecida acera y sentir la helada humedad en la punta de los dedos del desafortunado pie, es como un traguito amargo de sailva, justo ese que precede a la injusta – pero liberante – lágrima;

y los recuerdos.

Los aprisionantes recuerdos.

Sep 292011
 

Tengo ya dos semanas en D.F. y todo ha salido muy bien, pero traigo pedos con el aguacate, bueno, en realidad los pedos que traigo son por tragar tanto taquito tamaño canapé de chorizo y suadero; lo que quería decir es que me cuesta trabajo creer que encontrar una taquería – de puesto o de restaurante – que te ofrezca guacamole, ya ni decir un pinche guacamole decente, neta, ya ni lo pido decente, un “intento de guacamole” sería sujficiente para sacarme un tajo de sonrisa que me duraría un día completo, pero no, lo más cercano a ello, por el contrario, es una chingada salsa verde de tomatillo chile verde, cilantro y cebolla con unos caciquísimos trozos de aguacate naufragados en ella, huelga decir que ni sabe a aguacate ni nada, bien pueden ahorrárselo para hacerle una mascarilla a una mosca o algo – no creo que alcance para más -

No eres tu, no soy yo, es la ausencia de aguacate.

Acá hay mucho verde pero no hay guacamole en las calles, mucha vegetación, pasto y prados siempre verdes, todo el año, en mi tierra no hay nada verde porque nunca llueve, las sequías se ponen cabronas, sólo ves verde en pinturas y ropa de algún sujeto.

Allá lo único natural y verde es mota y mucho pinche guacamole.

Sep 152011
 

Hoy fue mi primer día completo en D.F.

Llegué ayer por la tarde y la pasé muy agusto con mis anfitriones pues tenía varios años sin verles y me puse muy contento, disfrutamos unos clamatos de chela que yo pereparé y que quedaron sublimes, él se quedó con los ojos pelones y ella casi chilla de emoción, así soy de bueno preparando drinks.

No pensé que estaría tan cansado de un viaje de pocas horas, pero no fue eso, fue la tensión acumulada en las semanas antes de venirme, arreglar aquello, papeles de esto otro, qué me llevo y qué dejo, despedidas con los amigos y de lugares por una buena temporada, mi madre, Cartucho.

Hoy el día comenzó temprano, me gustó la caminata que será necesaria para llegar a la estación del metro y del destino hasta la oficina, implica ejercicio que a huevo tengo que hacer, eso me late.

Por malas instrucciones por parte de la responsable de ofrecerlas de forma correcta, caminé un tramo extra que ya medio me cayó medio mal porque justo comenzaba a sudar, tuvo que ir por mi en su coche aunque pudo decirme que de donde le dije que estaba parado sólo tenía que caminar 100 metros más, ah, bendito sentimiento de culpa.

La banda en la oficina me cayó muy bien, el ambiente de trabajo excelente y creo también que mis labores también me gustarán y que las haré bien y con gusto.

Positive thinking, man, but be careful what you wish for.

Quería lluvia, la deseaba más que a Maggie Q en pelotas; pues de regreso a casa se soltó un aguacero que provocó que buscara resguardo bajo lonas de puestos, taquerías, un cartón ajeno y techos volados de 40 cms. no me empapé, fui astuto pero… ah pinche lluvia, la primera que me toca y me agarra exactamente bajo las circunsancias opuestas a las que deseaba para disfrutar un buen chaparrón.

This city is a mess, but slowly starts to feel like home.

Lovely mess.
Jul 292011
 

Recuerdo otros viernes, tantos.

Hoy no he salido de casa, ya es noche y escucho música mientras espero que el calentador eléctrico caliente esa media taza de café que se enfrío hace un par de horas en la mesita al lado de mi cama donde estaba intentando dormir una siesta en paz.

Los sonidos de la ciudad hoy han estado ausentes, o yo de ellos.

La culpa no es de nadie cuando la distancia es factor común.

He repasado cosas pendientes con la mente, buscándoles causa y curso, posibles desemboques, afortunádamente los rumbos se van encontrando aunque el tiempo apremia;  – como siempre el tiempo – me digo por dentro.

Mi café ya se calentó, pude haber bajado a preparar otro pero desperdiciar este no está permitido en mis políticas espirituales; son las 8:26 y no tengo plan de salir, quizá lo haga si llega la convocatoria de algún amigo a hacer algo tranquilo y platicador; hasta el momento lo único que sé que necesito hacer es darme un baño pues huelo a león chiquito, también necesito salir a comprar cigarrillos y una coca light, no necesito oler bien para hacer eso pero esas lindas tienditas de conveniencia se merecen mi respeto.

Ahora queda un solo cigarrillo y suena ese hit noventero “Set adrift on memory bliss” de P.M. Dawn, me gusta cómo lograron infiltrar el sample de “True” de Spandau Ballet, esta última banda tenía potencial, supongo, Duran Duran fue la sombra que nunca pudieron quitarse de encima.

“All I want is to hold your hand, see the sun and walk the sand”

A veces es difícil escribir, no por falta de cosas qué decir, es una especie de falla que se me antoja para que se encuentre en algún punto físico entre el final de mis dedos y la cabeza, es una sensación extraña, que unas veces se escribe en automático, otras, es como si se necesitara encontrar un intérprete de lengua muerta.

A veces es en Viernes, pero no todos los viernes son así, tampoco los demás días.

Jul 102011
 

Nuevo podcast en un tiempo, sencillo y corto nomás porque sí, como todos los demás.

Música: Small Black “Despicable Dogs” Mesita “Living/Breathing” Is Tropical “Berlin” y Selebrities “Time”

Música de fondo: Teen Daze “June 2010″

Pícale play aquí.

 

Jun 232011
 

Tengo varios meses que, en mi camino al bar (huelga decir es con mucha frecuencia) veo a un señor velador afuera del establecimiento que cuida.

Ese lugar sufrió un incendio hace muchos meses, ahora lo han restaurado y tiene un velador.

Lo veo tres segundos cada vez, unas permanece sentado en las escaleras que dan a la puerta metálica de la entrada, con un perrito blanco y un tupperware con algún alimento que llevó de su casa para ese momento de la noche en que es necesario hacer algo más que estar con los ojos abiertos, pensando.

A veces se aventura a la esquina y lo veo sentado en la banca de la parada de autobuses, solo, mirando a las tres esquinas frente a él.

Otras ocasiones es, sólo él en la acera, como en un plano indefinido, existencia en concreto, llana e inerte.

El mundo está lleno de veladores, de gente que anda en bicicleta, mamás que llevan a sus hijos al kinder y ejecutivos que padecen insomnio; no hay nada qué hacer sobre ello.

Lo que me quitá la calma de este hombre es que siempre tiene la mirada al suelo, debajo de su horizonte. Triste.

Y me contagia un poco.

 

 

Jun 142011
 

Ya las manecillas del reloj rascan el mediodía, mi recuperación ha sido lenta, mi panza sigue pegando un poco de gritos y finiquitar el topercito de melón con manzana (y viceversa) ha sido labor de romanos, aún queda un cuarto de fruta picada y no veo cómo lograrlo, pero sí, lo haré, nomás tomándome mi tiempo.

Estoy también en la recta final de mi trabajo en esta oficina, no explicaré por qué me voy, sale sobrando y huelga decir que, no me interesa venir a contarlo aquí, no es nada personal.

Hoy he llevado a revelar otro rollo de 120 que tomé con mi cámara  Holga, mi cortísima experiencia con los laboratorios que todavía revelan película de 120 ha sido triste, el primero que encontré se tardó 15 días en revelar el rollo y entregarme las impresiones en papel rectangular con las imágenes todas cropeadas de negativos cuadrados, háganme el chingado favor, bueno, este segundo laboratorio, al que he recurrido todas las veces posteriores al fiasco que acabo de platicarles, ha sido también una monserga; cobran barato por el revelado del rollo (ya no pago impresión porque compré un scanner para negativos de 120/35mm así que ahora de negativo a digital sin broncas) y aunque no se tarden 15 días en entregármelo sí adolece de un detalle que en momentos me hincha las pelotas: no saben cuándo me lo entregarán, mañana o pasado mañana, quizá el próximo viernes, pero puede que el sábado coqueteándole al lunes sin que pase del martes. Uf.

Trapo mojado para las pelotas hinchadas.

Este reciente rollo estuvo como maldito, nomás lo cargué en la cámara y comenzó a hacer un calor de la chingada, aproveché que fuia la playa este domingo y allí lo terminé, tomando mar, flotadores de cocodrilo, gaviota al aire, mis pies enchanclados y no recuerdo qué más, tengo que acostumbrame a tomar así, despreocupado, sin premeditación, nomás con sentimiento.

El viernes me enteré que corrieron a una compañera de trabajo, me da gusto que a mi nomás me avisaron que me largaba en un mes, he tenido este tiempo como “Dead Man Walking” para ver con morbo cómo la oficina se va directito a la mierda, yo, yo me voy a lugares mejores, extrañaré a los buenos amigos que hice aquí, no los abandono de todos modos, sólo es momento de moverse.

Es tiempo de estar cerca de ella.

En este mundo de gente, cada quien es un mundo. Hay quienes son naturalmente dinámicos e inquietos, otros, como yo, ocasionalmente necesitamos ese  “empujón”, una situación de presión, de apremiantes circunstancias, no necesariamente por estar atorados en la zona de confort sino también porque tenemos esa cualidad de “querer mucho”, nuestros rincones, los senderos tantas veces recorridos, nos cuesta trabajo alejarnos de las carcajadas diarias de nuestros amigos y del atardecer que tenemos tantos años viendo todos los días a través de esa misma ventana.

Aunque unos lo aguantan mejor que otros, el dolor duele.

Yo he roto el confort muchas veces, ahora estoy por romperlo una vez más, como nunca lo había hecho antes, no con tantas ilusiones como ahora; el tiempo lo hace a uno más calculador a la hora de tratar con ciertas cosas de la vida, sin embargo hay otras cosas sobre las que nomás no aprendemos, supongo que así debe ser y es nuestro talón de Aquiles, o por lo menos el mío, cada vez que me enamoro, soy tan novato, tan tonto y tan todo como la primera vez, me gusta, sólo quisiera haber aprendido un poco ya, para no tener que volver a hacer apuntes.

No tengo miedo a las ilusiones que invariablemente flotan, sino a las esperanzas que a veces pesan mucho.

Me pregunto si está haciendo calor afuera; a veces, cuando no tengo mucho qué hacer, sacrifico mi estabilidad térmica y salgo a la acera bajo plenos 42°C a ver la expresión en el rostro de quienes pasan en su coche sin aire acondicionado, los matices de angustia y agobio van desde poner cara de estar pasando un trago de diesel o ir sentados sobre un clavo.

Luego mi jornada acaba, subo a mi coche sin aire acondicionado y me toca ser la efímera diversión de algún otro ocioso.

Jun 082011
 

El ambiente en la oficina ha estado muy benevolente, el trabajo ligero; después de que me cambiaron de lugar a huevo, estoy más agusto porque veo menos al jefe que está más feo que una rodilla de elefante caniquista, en fin.

Pero mi compañero de al lado también sufrió de cambios, a él le tocó cambiarse a un lugar terrible y espantoso, al pupitre al filo de las escaleras  dónde yo estuve cuando recién entramos a trabajar, lo recuerda porque entramos al mismo tiempo.

Ese rincón es realmente crítico, no sólo está a un pie de distancia del voladero de las escaleras cuyo peligro aumenta exponencialmente si tu silla es de rueditas y eres de los que sin pensarlo se empujan con los pies para todos lados, además que es el acceso único a planta alta, de tal suerte que entre tu cuerpo y el barandal de la escalera hay apenas un metro de espacio, con cierta precisión estadística puedo decir que un mínimo de 12 humanos obesos restriegan una parte baja de su cuerpo contra tu codo, antebrazo, espalda o si te va bien, tu silla. Cité dos de las cosas más graves, pero también hay niños chorreados llenos de algún caramelo ya cubierto de tierra o chispas de azúcar, qué hueva.

Parapente bajo techo.

Anoche dormí muy bien, confieso que parte del éxito de anoche (y antenoche) ha sido el factor bar; no, no hablo de que sea menester el alcohol, no, así no funciono yo aunque sea un dipsómano reconocido, lo que a mi me gusta es estar con gente que estimo, con amigos, platicando aménamente de la vida en general y lo intrincado de sus senderos.

Ir al bar (como ejemplo, también puedo ir a casa de un amigo a platicar etc.) me saca de casa cuando estoy aburrido, cuando estoy cansado de escribir y me bloqueo, cuando no quiero pensar de más, cuando me siento solo; nunca en mi vida he podido soportar más de dos o tres tragos  estando sin compañía, me da hueva, me aburre y carece de sentido.

Solo sólo café.

“They said – there’s too much caffeine in your bloodstream”.

Bueno, regreso a algo que quería decir allá arriba pero que interrumpí por andar justificando cosas de más; soñé con mi abuelo paterno, yo subía cosas al baúl del coche y me llamaba desde la casa de enfrente (en el sueño asumí que era la casa de mis abuelos) me gritaba contento que dejara todo lo que hacía y que lo acompañara a tomar algo, que me había tomado el tiempo y ya me marchaba. Mi tata Mike vestía siempre elegante, zapatos lustrados desde tempranito, su camisa vaquera, pantalones finos y corbata texana, impecable, siempre amistoso.

La amabilidad es contagiosa, nomás que hay muy poca.

Ya faltan seis minutos para salir de esta oficina, me queda un email por enviar. Estoy pensando seriamente si después del frontón pasar a comprarme otro pantalón, hace dos días me compré uno y me ha gustado tanto como me quedó que quiero otro en otro color y textura, he notado que todos mis jeans están” más para allá que para acá”, ya es tiempo de hacer un pequeño esfuerzo de voluntad (no soy fan de ir de shopping).

Para un hombre comprar pantalones es una inversión, si lo haces bien no vuelves a comprar en cinco años.

Ahora ya me pasé dos minutos de la hora de salida y me pregunto si tiene caso. No lo tiene.

Buena tarde a todos.