que ya no baila
Hoy cuando estaba con un amigo comprando masa de maíz para hacer unas empanadas experimentales me llegó un recuerdo que tenía mucho que no recordaba, las tortillas sancochadas que hacía la señora que alguna vez le ayudó en la cocina a mi abuela, yo era un niño apenas en primero o segundo de primaria.
Recuerdo que llegaba a casa al mediodía, mi abuela y la señora cuyo nombre no recuerdo (no estuvo trabajando mucho tiempo tampoco, si acaso unos meses) estaban ya en la cocina encargándose de la comida del día; mi abuela era la chef ejecutiva de la casa y cocinaba cosas deliciosísimas, dede bistec ranchero de lujo, carnes asadas, lengua, morcilla y toda clase de cosas que de pensarlas ahora (con sólo cereal en la panza como cena) me acuifican (palabrita inventada) la boca, la señora era quien le ayudaba a preparar otras cosas como salsas, postres y limpiar, pero tenía una cosas con lo que se convertía en la protagonista: las tortillas de maiz.
No recuerdo en tantos años una sola vez que a mi abuela le hayan quedado buenas las tortillas, de maíz no sabía hacer y las de harina que deberían ser de cajón en una mujer que creció entre tortillas de harina (por lo de la tradición del pueblo en que todas las mujeres aprendieron a hacerlas) le salían también malísimas. Ni modo, esa era una realidad aunque sí las preparaba y nosotros nos las comíamos porque las tortillas de harina como las cervezas, jamás se desperdician.
Regreso a la señora pinche, o ayudante de cocina, pues.
Decía que esta mujer que ayudaba a mi abuela en la cocina tenía una gigantesca gracia y esa era sus tortillas de maíz de ensueño; recuerdo el aroma de la masa en el comal de hierro y ver el vapor traspasar el trapo con el que las iba cubriendo, iluminado por los rayos del sol que entraba por las ventanotas.
Tenía un truco, las dejaba a 3/4 de cocción como si fueran steaks, les llamaba “sancochadas” y eran tan tiernas, con mantequilla eran una real suculencia, yo todo el tiempo comía tantas que provocaba dos cosas: me empachaba o me regañaban por no dejar que se hiciera la pila de tortillas; era muy fácil acabar con más de mdio kilo de ellas, eran simplemente extraordinarias.
A esta fantástica señora que hacía tortillas sancochadas no le recuerdo mas que (además de su preparación estrella) su rostro ya borroso en mi mente, de mejillas algo hundidas, su rostro era de ya unos 60 años, era muy delgada, la única foto que yace en mi mente es con su vestido azul de hechura muy simple y un delantal de cuadros blanco, azul marino y azul cielo.
También recuerdo bien su sonrisa cada vez que veía mi cara de contento.
Caminar de noche bajo la lluvia a veces es como llorar, o anticiparse a las lágrimas;
poner pie, por error, en un charco invisible sobre la oscurecida acera y sentir la helada humedad en la punta de los dedos del desafortunado pie, es como un traguito amargo de sailva, justo ese que precede a la injusta – pero liberante – lágrima;
y los recuerdos.
Los aprisionantes recuerdos.
Hoy el D.F. huele a:
Pantalones a Go Go
Hoy el D.F. huele a:
Maruchan Periférico
Hoy el D.F. huele a:
Guajolota y llanta quemada.
Hoy el D.F. Huele a:
Tapete de congal.
Hoy el D.F. huele a:
Chango remojado (el primate, claro)
Chiquitines de mi corazón, les cuento que acá la cosa va muy bien, la chamba ha resultado muy chida e interesante, ando en chinga (bueno, todos en la agencia) y me ha sentado muy bien el cambio de engranes pasivos a más rápidos, todos los días me aviento mi caminata obligada, un viajecito en metro y en 25 mins estoy en la oficina, el ambiente de trabajo es muy relax, todos son muy buenos compañeros, en fin, todo bien y aprendiendo mucho del nuevo job y nuevas dinámicas.
Por otro lado sólo me falta encontrar un depa, parece ser que el que andaba amarrando antes de venirme para acá sigue disponible, mañana checaré eso y pues si no, deséenme suerte para encontrar algo decente y así.
Descubrí unos tacos a la vuelta de la oficina que no mamen, son los tacos de guisado más ricos y llenadores del planeta, con dos quedas como si acabaras de echarte la cena de navidad, la señora, que además te trata de “mi rey” “mi amor” “lindura” y toda clase de amabilidades confitadas, es una harta, al taco (doble tortilla de tamaño normal of course) le pone una cuchara gigante del guisado a escoger (pollo a la crema, pechuga empanizada, puerco en chile morita, chicharrón en salsa verde, chorizo, chuleta, pastor, bistec, pollo a la fruta y otros dos que no recuerdo) les pone una cachetada de papas con crema gratinadas y arroz, si eso no te pone contento también puedes pedirle una adicional cachetada de frijoles que no veas, me dio el primer tacos y no se veía el plato, bueno, con dos terminé bombo pero la sorpresa me dio fuerza para pedir un tercero, estoy mareado de lleno pero no se preocupen que no iré a vomitar ¬¬, valen 14 pesos pero valen su peso en or… comida.
El caso es que este email es para saludarles, decirles que los recuerdo mucho, espero no se estén cocinando las nalgas de calor y que no les fallen los métodos ya establecidos para conservarse frescos, playa, chelas, alberca de mariana y buenas pláticas.
Acá desde que llegué estoy de fiestita en fiestita pues viendo amistades, en resumen: de cinco días aquí he amanecido crudo cuatro; hoy jueves me quedo en casa, a ver si a mi anfitrión no se le ocurre sacar una botella (ya van dos) y termino crudo mañana, ya les platicaré.
Otro de los casos es que ya cambié mi plan telshit pal df, conservar el número de allá (por nostalgia o cualquier otra babosa me costaba roaming y pues no están las uñas para rascarse) no era viable así que paso a pasárselos:
<número de celular defeño>
Por su amistad y atención, gracias, se me cuidan.
P.D. Los quiero mucho y todo eso que es así, o sea, ya saben cuánto, es como a lo bestia pero mucho más y mejor.
Recuerdo otros viernes, tantos.
Hoy no he salido de casa, ya es noche y escucho música mientras espero que el calentador eléctrico caliente esa media taza de café que se enfrío hace un par de horas en la mesita al lado de mi cama donde estaba intentando dormir una siesta en paz.
Los sonidos de la ciudad hoy han estado ausentes, o yo de ellos.
La culpa no es de nadie cuando la distancia es factor común.
He repasado cosas pendientes con la mente, buscándoles causa y curso, posibles desemboques, afortunádamente los rumbos se van encontrando aunque el tiempo apremia; – como siempre el tiempo – me digo por dentro.
Mi café ya se calentó, pude haber bajado a preparar otro pero desperdiciar este no está permitido en mis políticas espirituales; son las 8:26 y no tengo plan de salir, quizá lo haga si llega la convocatoria de algún amigo a hacer algo tranquilo y platicador; hasta el momento lo único que sé que necesito hacer es darme un baño pues huelo a león chiquito, también necesito salir a comprar cigarrillos y una coca light, no necesito oler bien para hacer eso pero esas lindas tienditas de conveniencia se merecen mi respeto.
Ahora queda un solo cigarrillo y suena ese hit noventero “Set adrift on memory bliss” de P.M. Dawn, me gusta cómo lograron infiltrar el sample de “True” de Spandau Ballet, esta última banda tenía potencial, supongo, Duran Duran fue la sombra que nunca pudieron quitarse de encima.
“All I want is to hold your hand, see the sun and walk the sand”
A veces es difícil escribir, no por falta de cosas qué decir, es una especie de falla que se me antoja para que se encuentre en algún punto físico entre el final de mis dedos y la cabeza, es una sensación extraña, que unas veces se escribe en automático, otras, es como si se necesitara encontrar un intérprete de lengua muerta.
A veces es en Viernes, pero no todos los viernes son así, tampoco los demás días.