Yo aconsejaría que, así como hay noticias policiacas, empresarial, sociales, nacionales y deportes, los periódicos agregaran una nueva sección (seguramente chiquitita) de buenas noticias.

Así no nos destrozaríamos un cacho de espíritu entre tanto contenido apocalíptico de la perra vida y, a la hora de ese desayuno apurado podríamos ir directamente a leer una página “reader friendly”.

 
(recibido 12:40) 

- ok.

(enviado 12:42)

-  Creo que por mensajes de texto eres de pocas palabras.

(recibido 12:50)

- Ah cómo chingas!!! Estoy cagando!

 

No soy alguien con muchos prejuicios. Soy humano y tengo como todos algunos prejuicios decentes que podría presumir en alguna fiesta para no quedarme atrás en la conversación descarada, sin embargo no son graves.

Tengo prejuicios más o menos inofensivos como muchas personas, no atacan preferencias sexuales, creencias religiosas ni tendencias políticas, por citar los temas que cotidianamente se tocan.

La mayoría de mis peores prejuicios ocurren en un universo de babosadas como mi falta de respeto al triángulo como instrumento musical y odiar todo lo relativo a The Eagles solo por haber creado una de las canciones que más detesto en la vida, “Hotel California”.

También tengo un prejuicio muy ligero que me hace sospechar de las personas que traen de moda presumir que beben mezcal y saben mucho de cervezas artesanales, mientras no demuestren lo contrario los veo como posers.

Otro prejuicio que no tengo acentuado es sobre el color rosa en la ropa, bajo ciertas circunstancias y formas me puede gustar; mi novia en turno ya hace unos cuatro años me regaló una camisa en tono rosado muy chingona que me pongo y me gusta mucho.

Mi problema con el color rosa es cuando entro a un baño a lavarme las manos o bañarme y encuentro para tales efectos sanitarios un jabón rosa.

Al único jabón de ese color al que le doy chance es al jabón chiquito Rosa Venus y sus variantes de negocios de hospedaje; se me hace hasta simpático, además con una vida tan efímera y siempre rodeada de extraños que cualquier acto o protesta en su contra me rayaría en injusticia y plena falta de sensatez.

No puedo ver un jabón rosa con el mismo carácter formal e impetuoso con el que veo a un elegante y apropiadamente blanco (cualquier color excepto rosa)  jabón antibacterial, simplemente no le veo ganas ni seriedad para realizar la importantísima tarea de remover las cochinadas que se acumulan en mi piel durante un día.

A un jabón rosa nunca le voy a creer que me dejará limpio y libre de microbios.

Imagino la colonia de bichos microscópicos en mi sobaco:

Se oscurece todo por una inmensa sombra proyectada sobre el sobaco, en la colonia de microbios ya se estaban preparando para el armagedon, la tormenta era aviso.

- ¡ALLÍ VIENE! ¡ALLÍ VIENE! ES UN JABÓN, CORRAN POR SUS FRÁGILES VIDAS, NO AYUDEN A MUJERES NI NIÑOS NO HAY TIEMPO, ESCÓNDANSE EN LOS POROS Y AGÁRRENSE FUERTE DE UN PELOOOO!

Uno de los microbios vigías toma binoculares y advierte con gritando pero con tono aliviado:

- ¡ESPEREN, ESPEREN, ES ROSA!

Inmediatamente se apaga la sirena de alarma en la comunidad y se avisa por la radio y televisión tomar precauciones pro mal tiempo saliendo a la calle con botas y un buen paraguas.


 

Aunque se les  haga agua el jitomate, este es un podcast de prueba; @nenamounstro y su servidor, para grabar este asunto sin querer hemos coincidido entre nuestras múltiples ocupaciones que incluyen de la nena el dar servicio a dos gaseros y al wey de la electropura y en las mías  la agotante tarea de andar capoteando a las siete gordas que viven en nuestra vecindad y una anoréxica ninfómana de la oficina.

Así pues, no se vistan elegantes que no es de etiqueta, nomás cuando tengan el tiempo escuchen el podcast, hay una bronca con la grabación de mi voz y esperamos resolverlo para el próximo podcast que será el día menos pensado.

La charla es improvisada pero todo el ondeo ha sido con cariño aunque nomás haya sido un cale.

Esperando que no les aplique la ley del cloroformo aquí está para que le piquen play.

PINCHA PLAY AQUÍ  

PÍCALE AQUÍ PARA LLEVARTE EL PODCAST A CASA

Sep 112010
 

La noche comienza con la esperanza de algo que ocurra, fuera de las desesperanzas e ilusiones cotidianas.

Llego al bar donde están conocidos y amigos,  a veces amigos desconocidos, esos que se hacen gratis y con los que rara vez interactuas. Los tragos fluyen a paso cierto, a dos por uno pido que uno de los dos whiskeys venga sin hielo, para agregárselo hasta cuando le toque morir.

Es una noche extraña, no en mal sentido, es extraña-buena, hay gente diferente en un bar de gente siempre conocida, me encuentro justo entrando a una exnovia de hace ya tiempo, es buena amiga y platicamos un rato muy agusto antes de despedirse para ir a la mesa con sus amigas a beber vino y jugar dominó.

Y entran las memorias de música y aromas de otros momentos que sobresalen de entre la plática a mi alrededor que escucho como se escuchan los adultos en las caricaturas de Charlie Brown; las noches invertidas, las ganas de alimentarme de cachos de planeta, tanto tiempo imvertido en no ser nada queriendo hacer todo.

La noche termina para el bar y nos corren amablemente mostrándonos la libreta sin hojas en la que sambuten la cuenta rayada a mano pero siempre confiable, es el mejor bar del mundo. Hay otra fiesta, vamos todos los que estamos, bebemos todo lo que tenemos.

Y unos bailan, yo no bailo por más borracho que ande, no se me da, como no se me da comer nopales, la noche parece de Otoño y regresan recuerdos adentro. Recuerdos que me hacen aspirar profundo como queriendo dejar sin aire a todos en la fiesta, y cayeran desmayados en desaire.

Ella se acercó a preguntarme qué hacía mirando al cielo, alienado, sin bailar.

- Yo no bailo, invierto mi tiempo en “nonsense”.

 

Grabado en domingo de cruda y editado en lunes de convalecencia, un podcast pequeño con cinco canciones de diversos géneros musicales acompañados de la usual plática de su servidor.

PINCHA PLAY AQUÍ  

PRESIONA AQUÍ CON TU PUNTERO SI GUSTAS DESCARGAR EL ARCHIVO EN MP3

Temas: Lo retro, música, cuando jugaba atari 2600 y cualquier otra cosa.

Música: Best Coast “When the Sun don’t shine”, Modular “Playa Biquini”, Hudson Mohawke “Overnight”, Sexy Synthesizer “Happy Song” y The Radio Dept. “Heaven’s on Fire”

Música de fondo: Machinedrum “911 (instrumental)”

 

Buen domingo gente, podcast Agosteño con seis canciones y plática tranquila sin aspavientos, espero disfruten.

PICA PLAY!  

DESCÁRGALO AQUÍ

Temas: Cuarto Sucio, las nuevas formas de comunicación, oficios de barrio, me hubiera gustado ser músico, sobacos, música.

Música: Supercar “Lucky”, Cats on Fire “Mesmer and Reason”, Bathcrones “Vineyard of the sea”, Lights out Asia “Foursquare”, Monarchy “Gold in the fire” y Foals “Red Sock Pugie”

Música de fondo: Ventilader “She”

 

No pretendo hablar de “esa” edad de fuego de la adolescencia en la que se anda todo el día bien caliente esperando llegar a casa a masturbarse o ir al cine con la novia a que se deje manosear. No.

Hablo de la curiosa – y peligrosa – atracción que sienten los niños por el fuego.

El fuego es una cosa fascinante. Iba a escribir algo como “reacción química” u “oxidación acelerada” pero ésto no es un artículo que trata sobre química (de la que conozco nada) así que me me remitiré a escribir al fuego desde el punto de vista empírico que advierte que el fuego está bien cabrón, y quema.

No tengo recuerdo preciso de cuándo puse mis ojos en el fuego (en sentido figurado) pero fue amor a primera vista. Mis primeros gajos de memoria como pirómano se remontan a épocas infantiles estando de visita en casa de mis abuelos en Tijuana, circa 1982.

Gracias a que el hermano menor de mi padre había tenido una efímera pero intensa vida de hippie la casa estaba llena de velasn y fue con lo primero que experimenté, quemar velas y bañar de cera caliente lo que se me ocurriera, derretir soldaditos de plático y “garapiñar” insectos. Mi abuelo vio ese comportamiento con extrañeza y miedo, tenía miedo que en una ocurrencia tomara su violín y me aventara la danza del fuego.

Mi padre me dijo: YA PÁRALE!

Le paré, no por mucho tiempo.

Terminaron las vacaciones y regrese a casa con mi madre y mis abuelos, a mi territorio.

En casa de vuelta no había poder que me detuviera, que pusiera freno al instinto primitivo de crear fuego, de quemar chingaderas, pues.

Durante semanas, por la tarde, cuando mis abuelos estaban trabajando en la tienda de abarrotes de la que eran dueños y mi madre estaba trabajaba también, yo quemaba cosas.

En mi casa los muebles no sólo eran espantosos, también eran pesados y había suficientes muebles para cargar la culpa de la deforestación de un bosque pequeño en algún lugar de centroamérica.

En la sala de estudio, había una mesa que pudo bien acomodar una parvada de vikingos; tenía doce sillas y seguro soportaba también a las gordas novias de los vikingos aventarse sus zapateados sobre ella.

La quemé a la chingada con todo y las doce sillas.

La humareda fue espantosa dentro de la casa, mi abuelo y mi tio corrían echando cubetazos de tierra para sofocar la descomunal hoguera cuyas llamas alcanzaban el techo y se movían como animales.

Lo curioso es que ese incendio no había sido intencional.

La mayor obra en mi carrera como pirómano había sido un accidente: jugaba quemando un papel acartonado, sonó el teléfono y creí apagarlo bien antes de dejarlo sobre la mesa y ésta, de madera que a diario se limpiaba con aceites y pulimentos, ardió a lo bestia en cuestion de segundos, cuando yo regresé no había nada que hacer.

Después  de ese acontecimiento y una regañada a cargo de medio mundo decidí retirarme, mi trayectoria como pirómano había perdido sentido y no encontraba en ese momento cómo llevar una vida digna quemando cosas.

Me retiré una semana después quemando en el patio un castillo de He-Man que no era ni mio.

Mientras el castillo de Grayskull ardía frente a mi, sentado en la tierra y el sol cayendo detrás de los árboles de mango pensé…

- Lástima, hubiera sido un buen pípila.

 

En ocasiones, cuando paso por un mercado o  por la sección de frutas del super, me toca pasar por donde están los mangos.

Recuerdo mi infancia, inocente, brillante y hermosa, retacada de vida, con todo en el mundo frente a mí, incluídos los mangos.

En aquella casa de mi niñez, donde crecí con mis abuelos maternos, crecían, según recuerdo, cinco árboles de mango; eran árboles muy altos y robustos, todos, seguramente tenían varias décadas encima, inmensos e imponentes, en verano además, hasta el cepillo de mangos, en grandes racimos. También yo era un niño además de muy joven, zotaquísimo, seguro por eso los veía todavía con más altura.

Recuerdo los incontables veranos (claro que se pueden contar, fueron unos trece, pero ¿dónde quedaría el detalle nostálgico?) en los que vivía trepado en los mangos, arrancándolos de las ramas, docenas, los lanzaba a la tierra mientras tenía un fruto en la boca, mi cara chorreada de mango y mugre. A veces algún amigo o primo esperaba bajo el árbol para cacharlos y no se lastimaran.

También de esos veranos recuerdo cuando los comía verdes, por impaciente, ni sal, ni chile en polvo, sólo mangos verdes, también, sólo fiebre y dolor de panza con complementaria maltratada de mi abuela, por burro.

Mi abuela; ella es el principal protagonista de mi temprana historia con esta fruta tan dulce y aromática; esos cientos de veranos (exagerando, de nuevo) mangueros mi abuela los aprovechó como un perro callejero roe un hueso hasta la médula.

La esposa de mi abuelo materno, Doña Chabela, conocía muchísimas recetas con mango, no era algo descabellado, está de más decir que ella misma ya había pasado una buena colección de veranos rodeada de mangos veraniegos y preparaciones mangosas a cargo de su madre y abuela.

En esos calientes meses, recuerdo el refrigerador cada día y encontrar agua de mango, nectar de mango, nieve de mango, estos tres estaban listos invariablemnte a la hora de comer, algún alimento, mas mango.

También la madre de mi madre nos preparaba trolebuses de mango, pan relleno de mango, empanadas de mango, dulce de mango; también sabía deshidratar mango en rebanadas y preparar jaleas y mermeladas de mango.

Recuerdo las ensaladas de mango sazón (ni verde ni maduro) muy buenas para esos días con calor de más (según sabiduría de generaciones), las paletas congeladas y las crepas de cajeta con mango.

Fue gracias al patio de mi casa con tanto árbol de esa versátil fruta, gracias a esos veranos tan largos, tan dulces, tan aromáticos y tan cargados de sabor; esos veranos de mi infancia en que mi abuela demostró su gusto por el mango; fue por ellos que ahora cada temporada, cada año, su recuerdo viene a mi como una cascada de sabores y texturas en sus infinitas presentaciones, como si estuviera sentado ante aquella mesa de la cocina en la casa donde viví de niño a instantes de un primer bocado de esa azucarada y pulposa fruta.

En mi vida pueden pasar muchas cosas, pero mientras en mi mente lleve estos recuerdos vivos, no podré volver a probar un pinche mango.

Quedé bien harto.

 

Este es un podcast mundialista que de mundialista sólo tiene el nombre, platico un poco de música y me quejo de la resaca tamaño regio que me cargo y cinco canciones para acariciar sus sentidos.

¡DALE DALE!

 

Si gustás, te lo podés llevar, PINCHÁ AQUÍ

Temas: Cruda, Música, Noticias, más música.

Música: Chemical Brothers “Swoon”, Cats On Fire “Never Land Here”, I Am a Robot and Proud “Me Vs. Heidi”, Teenage Fanclub “Baby Lee” y Errors “Dance Music”

Música de fondo: Mercey Hot Springs “Chica Nuclear”

© 2011 semidios.net Suffusion theme by Sayontan Sinha