A veces es prudente temerle más a quien ya no tiene nada que perder.
Siendo sinceros, la sinceridad como virtud y la insensatez como defecto, cuando se mezclan en un sólo individuo, puede resultar en un hijo de puta, o un héroe.
Los hombres necesitamos a las mujeres porque una vida sin complicaciones sería terriblemente aburrida.

La independencia de México podría ser vista como cuando te independizas de tus padres pero sigues comiendo y lavando la ropa en su casa.
Mi ritual matutino-oficinístico comienza oficialmente cuando me estaciono, salgo del coche con mi maletín y pongo cara solemnede profesionista responsable, entro a la oficina para pasar a poner la yema del pulgar derecho en el checador super sofisticado que te dice según sea el caso – Intente de nuevo por favor – ó – Acceso correcto -
Luego saludo a los compañeros de la planta baja que no son muchos y algunos afortunadamente son pintorescos, subo por las escaleras que parecen de cine ochentero para llegar a mi escritorio donde instalo la lap le pongo el cable de seguridad, audífonos, mouse, usb para la blackberry y cable de energía; uso cable de seguridad porque uso una netbook de 8 pulgadas, en la oficina se atiende gente en general, y debo decir que de vez en cuando entran personas con una muy mala concepción de lo que es un bien ajeno, este netbook con suma facilidad lo pueden tomar con una mano y escondérselo entre los huevos sin problemas.
Luego salgo por mi café a con el español que tiene un puesto de copias y chingaderas (además de café), diez pesos un buen vasote de café de grano, small talk un par de minutos y de vuelta a la oficina.
Hoy es viernes casual, en mi oficina no se distingue nunca del resto de los días porque se visten o con uniforme, o con las patas.
En la oficina del edificio de al lado el recepcionista ha decidido honrar su viernes casual con la camiseta de las chivas.
Hay niveles, es todo lo que puedo hoy decir.
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Vivo tan cerca de la oficina que autenticamente llegar tarde es una tarea difícil, siempre creen que cuando lo hago es nomás por hinchar pelotas.
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Qué todos tengan un increible y estrambótico fin de semana.
No me gusta quedarme todo el día en pijamas porque cuando llega la hora de ir de nuevo a la cama no se qué ponerme.
Los tacos de canasta tienen mucha fibra.
La verdad es que he estado muy ocupado, sobre todo en los horarios de oficina que, huelga decir, son mis preferidos para adecuarlos a mis “necesidades posteras”.
Desde hace ya un par de semanas no he tenido chance de sentarme con la cabeza despejada (me siento con las nalgas, no se malentienda, no soy cirquero) a escribir como me gusta: porque sí.
Así que ahorita que he tomado la decisión ( dos cafés) ahora sí, sentarme frente a la compu y de manera sutil cuasi sublime mandar a todos a la chingada y nomás porque sí, escribir.

EL finde antepasado coincidió con mi cumpleaños, ya he platicado seguramente en este vertedero de payasadas cómo paso yo los cumpleaños desde que mi madre tuvo a mal sacarme de su vientre. No soy fan de celebrar los cumpleaños, ni los míos, ni los de nadie.
Luego sacan la teoría de que, como soy hijo único estoy amargado y todo eso que es así, pero siempre me gusta ser sincero con este tema, si hay alguien menos amargado en el mundo, no soy yo, claro, pero sí estoy en el top 1,000,000 de sujetos más alegres del mundo, me cae, simplemente que no tiene afinidad con el concepto del cumpleaños. Punto.
Dicho lo anterior, paso a contar que sí, este cumpleaños sí lo celebré, pasamos unas amigas y amigos al Bar con nuestros amigos que son los dueños y que personalmente quiero mucho.
Para no hacer la contada más larga, terminé en un segundo bar con tres amigos aún, mas borracho que un Vikingo descorazonado y preguntando por mi coche.
Era algo más o menos así de fastidioso:
Semidiós: - Oye weeeeeeigggh
Amigo1: – ¿Qué pedo wey qué pasa?
Semidiós: – ¿Ondeshtaaá mi ckoooshe? no lo veo weeigh
Amigo2: – Cabrón tranqui, lo dejaste estacionado en el Bar, nos vinimos todos en el coche de Amigo1, tu tranqui al rato ya te llevamos a tu coche -
Semidios: – Ahhh ok, ok… oooooooqueyyyy, perfdón esh que no sabía.
~transcurre un minuto~
*semidiós se acerca furtivo por detrás de sus amigos*
Semidiós: – QUIERO MI CARRROOOOOOOO ¿DÓNDE ESTÁAAAAAAAAA?
La borrachera terminó bien, no hubo malacopez y al despertar desperté con más dinero del que traía en un principio.

A la lontananza con mi sudadera chueca
Al final los momentos con los amigos son lo mejor que tenemos, que la vida es corta y para perder el tiempo con pendejos pues no, nadie se merece eso, ni los pendejos.
Tengo una sudadera chueca, ya les contaré sobre mi sudadera chueca, y se las modelaré, snif
En resumen, he estado muy ocupado, los momentos que he tenido para relajarme los he gastado en eso, en relajo, quiero decir, en relajarme.
Yo creo mucho en la terapia ocupacional, porque distrae de otras cosas que uno quizá desee o necesite remover del pensamiento, pero creo más en la mejor terapia del mundo, rodearte de gente que te quiere.
Buena semana a todos!
Veo fijamente a la luz de la diminuta lámpara de LED que uso con mi laptop en mi oscura habitación, me imagino entonces, al entrecerrar los ojos, que estoy dentro de un tunel y un tren que venía, se ha quedado estático, como decidiendo si pasar sobre mi, o darme tiempo de gracia para intentar regresar sobre mis pasos y escapar. Luevo viene a mi mente el sonido de un tren que se detiene, de uno de vapor, el escape del gas por las válvulas y el *shhh shhh* de cada ciclo de la ruedota esa que no se cómo se llama.
Ahora me bajo del tren en una estación donde sólo hay chamizos corriendo, al fondo del corredor hecho de madera, está una señora joven con un letrero tamaño pliego de cartulina en el que leo mi nombre, me acerco con mucho cuidado porque, para empezar, yo ni pensaba subirme a un tren, mucho menos llegar a ese lugar.
Unos metros antes de llegar a ella, se voltea y acelera el paso como renunciando a mi arribo y bienvenida, la alcanzo tropezándome con una maleta que hace unos minutos no llevaba en las manos, se da vuelta y es una mujer hermosa con cabellos rizados de color negro como la negrura que me acechaba dentro del tunel justo antes de cambiar de historia.
Me sonríe y acerca su mano a mi mejilla, yo sigo hincado y sobándome una rodilla por el golpe del tropezón, sonrío al sentir su mano cálida en mi piel.
Una inesperada ráfaga de viento le arrebata el letrero de su mano e impide que escuche algo que intenta decirme.
Le pido que repita lo que me ha dicho, sonríe y se inclina condescendiente acercándo sus labios a mi oído.
- Sólo te esperaba para decirte que no debes estar aquí.
Sin comprender un ápice lo que eso significaba le he preguntado por qué.
- Porque yo ya me voy para siempre, no quedará nadie más que tú, y aquí, no serás feliz jamás.
Desapareció ante mis ojos callendo su vestido largo vestido al suelo de madera del corredor polvoso, me puse de pie y confundido busqué alguna señal de vida, nada, no había nada, sólo estabamos la estación vacía y yo en medio de un valle desierto infestado de ramas rodantes.
Mientras me acerco a la orilla de las vías del tren y veo a lo lejos esperando divisar cualquier cosa viajando sobre ella, otra ráfaga de viento me estampa en la cara el letrero con el que la dama pretendía encontrarme, inexplicablemente, en una estación en la que sólo yo bajaría.
Extiendo el letrero con ambas mano y noto que mi nombre ha desaparecido y puedo leer “Ya viene, ya te vas”.
Escucho de pronto el tren, bajo el papelote que bloqueaba mi vista y allí estaba, colgándose de una mano, un señor muy simpático sacudía su brazo gritando la llegada y mirándome fíjamente.
Se el vagón de pasajeros, el primero, se detiene justo con la puerta de entrada frente a mi, el señor, ya muy viejo, hace el gesto con su cara y movimiento de cabeza indicándome que suba.
Olvidé subir la maleta, – total que ni era mía – pensé con alivio.
Se acerca ese raro señor con la perforadora de boletos.
- Disculpe, no he comprado boleto, en la estación no había quién lo vendiera y como usted me indicó que…
- Sí sí, no te preocupes muchacho, ya te vas de aquí es lo que importa, será cortesía nuestra tu viaje de vuelta.
- ¿A dónde regreso?
- ¿Cómo, no lo sabes?
Entonces se me quedó mirando brevemente y sonriendo me dice
- Ay jovencito, con esa fiebre infernal que traes, que vayas de vuelta, a dónde sea, es buena noticia.
Dejo de mirar al brillante LED de la lámpara diminuta conectada a mi laptop y me levanto a la mesita al lado de mi cama; ya me toca tomar las pastillas.
