Mi ritual matutino-oficinístico comienza oficialmente cuando me estaciono, salgo del coche con mi maletín y pongo cara solemnede profesionista responsable, entro a la oficina para pasar a poner la yema del pulgar derecho en el checador super sofisticado que te dice según sea el caso – Intente de nuevo por favor – ó – Acceso correcto -
Luego saludo a los compañeros de la planta baja que no son muchos y algunos afortunadamente son pintorescos, subo por las escaleras que parecen de cine ochentero para llegar a mi escritorio donde instalo la lap le pongo el cable de seguridad, audífonos, mouse, usb para la blackberry y cable de energía; uso cable de seguridad porque uso una netbook de 8 pulgadas, en la oficina se atiende gente en general, y debo decir que de vez en cuando entran personas con una muy mala concepción de lo que es un bien ajeno, este netbook con suma facilidad lo pueden tomar con una mano y escondérselo entre los huevos sin problemas.
Luego salgo por mi café a con el español que tiene un puesto de copias y chingaderas (además de café), diez pesos un buen vasote de café de grano, small talk un par de minutos y de vuelta a la oficina.
Hoy es viernes casual, en mi oficina no se distingue nunca del resto de los días porque se visten o con uniforme, o con las patas.
En la oficina del edificio de al lado el recepcionista ha decidido honrar su viernes casual con la camiseta de las chivas.
Hay niveles, es todo lo que puedo hoy decir.
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Vivo tan cerca de la oficina que autenticamente llegar tarde es una tarea difícil, siempre creen que cuando lo hago es nomás por hinchar pelotas.
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Qué todos tengan un increible y estrambótico fin de semana.
