Jan 272011
 

Crecí adorando la fotografía, las mezclas de colores, mi padre me dijo una vez - hijo, el fotógrafo que toma las fotos con su cámara es un tonto - a mis escazos seis años de edad eso me confundía un poco, pero era su intención, porque lo que me dijo justo después me resolvía el problema dejándome pensando el resto del día - las fotografías se toman con los ojos, la cámara se usa para poder mostrarlas a los demás -

Desde entonces, cuando no tengo cámara disponible y veo una imagen que me gusta, compongo la foto con mis ojos, presiono el shutter dentro de mi cabeza y luego regreso con la cámara a sacarle una copia.

Hasta he regresado con mi cámara a recoger fotografías mentales que tomé en mi infancia.

Nov 232010
 

Ayer me enteré del fallecimiento del maestro Hernán, él fue el Director de mi primaria, él me descubrió entre la bola de compañeros burros que tenía y me dijo - chamaco tu sí sabes leer y escribir muy bien, te voy a meter al concurso estatal de escuelas primarias y vas a ganar -

En una ciudad tan pequeña y el Director era de famlia conocida y mi madre y abuela luego luego dijeron que a huevo, que apoyaban que entrara al concurso.

No sabía lo que era concursar, no entendía dónde estaba el pedo que se traían entre escuelas que mandaban a niños a leer y escribir enunciados en un pizarrón, yo no me podía prepcupar, solo hacía lo que sabía hacer bien.

Gané.

Mi Director se puso feliz, él personalmente me llevo a la Piñata-Ceremonia de entrega de los premios en “La Cueva de los Leones”, salón de eventos propiedad del Club de Leones A.C.

Luego en la ceremonia de final de cursos al final me llamó al frente, me levantó y me cargó para decir que yo había puesto en alto el nombre de la escuela y que había roto la maldición.

En efecto se rompió la maldición, en mi generación había compañeros muy inteligentes y dedicados, siempre fuimos a concursos juntos y siempre ganamos durante los seis años de primaria, individualmente cada quien ganaba en sus materias preferidas y como equipo no habia primaria que nos hiciera rasguño, nos la pelaban, ni modo.

Ya no recuerdo su rostro muy bien, no recuerdo el rostro de muchos maestros que tuve, al último día de primaria, era tarde, oscurecía y solo me importó despedirme de un par de niñas que ya pasaban a sexto, recuerdo que les dije – ya vendré a visitarles a la salida.

No me despedí ni de mis compañeros de salón, ni de tantos maestros, ni de los conserjes que fueron como niñeros en los recreos, ni del director, el profe Hernán.

Y me fui.

Me acordé de cuando ese señor tan agradable jefe de mi primaria que con una carcajada y una paternal palmada en la espalda me dijo - no no, Christian, no llores que es sólo el nombre, ni es cueva ni tiene leones.

Nunca había dado cuenta que nomás hay una verdadera forma de irte para no volver.

En paz descanse querido Director.

Oct 172010
 

Un podcast breve inspirado por la reciente presentación de los legendarios Pixies en la Cd. de México, platico un poco sobre las seis bandas que influyeron más fuerte en mis primeros sólidos encuentros con la música.

Música: Pixies “Dig for Fire”, The Cure “Jumping Someone Else’s Train”, Ministry “Everyday is Halloween”, The Smiths “Cemetery Gates”, Depeche Mode “The Sun and the Rainfall” y New Order “Procession”

Música de fondo: Kraftwerk “Neon Lights”

EL PLAY AQUÍ ESTÁ:  

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Oct 042010
 

Cuando se es niño uno crea sus juegos y sus reglas. Juega juegos que han aprendido gracias a la generación mayor, su hermano o viendo como lo juegan  los de quinto grado, en la primaria.

Y siempre, como niños, padecíamos perpetua jaspia por la novedad, la sorpresa, la diversión sin igual y la pura chacota.

No importaba si jugábamos un juego más viejo que las nalgadas, si en el momento surgía alguna mamada que no nos convenía y atentaba contra nuestros principios – guanguísimos por supuesto – de legalidad, justicia y equidad, en menos de lo que canta un gallo ya estábamos gritando con ira sobre una nueva regla que nadie más que uno conoce porque acaba de salir según la organización mundial del juego en cuestión.

Digamos que quería arrimarme a la güerita que me gusta y me estorba un idiota en medio, brinco inmediatamente para aclarar y resolver que, siempre que esté una güerita seguida de un gordo que huele mucho a churros con cajeta éste debe salirse a quitarse lo pegajoso de las manos y cederle lugar al que sigue en línea. Aquí uno al final menciona firme que es el último boletín de la Federación Mexicana de Las Cebollitas.

Inventando reglas al vapor todos, cuando eramos niños, nos hicimos de canicas, trompos, nos descubrían a lo último si jugábamos a las escondidas con una niña o hasta pudimos escapar de algún bully que por extrañas razones creía en la regla de no golpear a un nacido bajo el signo de Aries en viernes si está haciendo mucho calor.

Con las reglas los niños no tienen respeto, en principio nadie le tiene respeto a las reglas en tanto no las aprende, asume y sobre todo las entiende.

La forma más sencilla de consolidar reglas haciendo que quienes deberán atenderlas las entiendan y comprendan por qué hay que obedecerlas.

Cuando somos niños, a veces nos enfermamos, otras nuestra mamá nos dice que estamos enfermos y tenemos que hacerle caso.

Lo hermoso de ser niño es que el termostato aún no nos funciona. Yo no recuerdo sentir frío o calor. No recuerdo temperaturas y me ponía un sweater cuando mi mamá sentía frío, no yo, yo estaba hecho un mar de sudor con la lengua de fuera, pero si a ella le pegaba un chiflón por detrás de as orejas tenía que regresar a jugar al gato con sweater y gorro para la risa de mis colegas jugandos; las burla le tocaba a todos, las mamás estaban interconectadas como por telepatía, si le daba frío a uno sólo era cuestión de media hora para tenernos a todos en uniforme de invierno, en el infernal Septiembre.

Otra cosa que cuando somos niños nos viene valiendo madres es la moda. Hay muchas cosas más interesantes que vestirnos bien, o mal; encontramos algunas garras que se convierten en nuestras favoritas y listo, no las soltaremos ni para que las laven.

Creo que yo sí tuve shorts que se quedaban parados de las costras de lodo que albergaban y tuve mapas de mugre en los brazos.

Recuerdo ahora mientras escribo este post que en alguna época entre mis cinco y ocho años mi abuelo me regaló un par de botas vaqueras, yo no era fan de los vaqueros ni de la moda ranchera, sólo se le ocurrió dármelas; abrí la caja, tomé las botas y me las puse.

No volví a quitármelas en meses.

Cuando comencé a sospechar que mi abuela y mi madre planeaban tomarme descuidado y deshacerse de las botas – que huelga decir, ya apestaban como vacas muertas – decidí ni siquiera quitármelas para dormir, vivía estresado y dormía con un ojo abierto aguardando el momento del ataque por cualquier flanco.

Después de varias semanas de incómoda calma, pensaba que había triunfado cuando llegó a despertarme un señor espantoso, apestoso, chimuelo y que olía a muebles mojados, me dice – DAME ESAS BOTAS, QUÍTATELAS!

No volví a ver al viejo borracho que me quitó las botas. Tampoco a las botas.

En el barrio  había un par de viejos locos y borrachos que me daban mucho miedo, le pagaron a alguien que se parecía a ellos. Muy astutos.

Y de pronto hemos crecido, estamos en los veintes y salimos de los veintes para vivir en los treintas y no hayamos qué reglas inventar para dejar de vivir bajo tantas reglas.

Vivimos retacados de reglas que no inventamos, que no nos gustan, pensando y luchando por forjarnos días en los que podamos volver a jugar a que nada importa, aunque sea eso, jugar.

A veces para alimentar al niño que aún vive dentro de nosotros sólo hace falta sacarnos un moco en la fila el banco o tocar guitarra de aire en tu oficina con tus headphones a todo volumen.

Aprender a crecer sin envejecer.

Sep 062010
 

Grabado en domingo de cruda y editado en lunes de convalecencia, un podcast pequeño con cinco canciones de diversos géneros musicales acompañados de la usual plática de su servidor.

PINCHA PLAY AQUÍ  

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Temas: Lo retro, música, cuando jugaba atari 2600 y cualquier otra cosa.

Música: Best Coast “When the Sun don’t shine”, Modular “Playa Biquini”, Hudson Mohawke “Overnight”, Sexy Synthesizer “Happy Song” y The Radio Dept. “Heaven’s on Fire”

Música de fondo: Machinedrum “911 (instrumental)”

Sep 032010
 

Hace unos minutos he dado consejo bien cabrón a una amiga.

Le he dado información de cómo funcionamos los hombres bajo ciertas circunstancias, para que la aproveche (no necesariamente en contra) con el bisnes que se trae con su wey.

Porque a pesar de que ellas creen que nos conocen y saben cómo controlarnos, no, no es así; porque cuando se trata de una relación nadie está seguro del lugar donde está parado, ni hombres ni mujeres, digamos que es como tener un puesto de mando medio en el gobierno, un día estás poca madre y tienes poder, otro ya te corrieron y si te vieron ni se acuerdan.

El control siempre lo tiene el que quiere menos (de cariño, no de querer, bueno eso también, pero no tanto), el que está “menos enamorado”.

Leí en un libro buenísimo que se titula “El Enamoramiento Inexplicable”  algo como “…el enamoramiento apendeja …”, tiene razón.

El caso es que espero que ella use esta información clasificada para cosas buenas y no atentar contra todo mi género, eso sería cruel, y si llegase a hacerlo tendría que enamorarla y hacerla pagar cara su osadía.

Jul 262010
 

No pretendo hablar de “esa” edad de fuego de la adolescencia en la que se anda todo el día bien caliente esperando llegar a casa a masturbarse o ir al cine con la novia a que se deje manosear. No.

Hablo de la curiosa – y peligrosa – atracción que sienten los niños por el fuego.

El fuego es una cosa fascinante. Iba a escribir algo como “reacción química” u “oxidación acelerada” pero ésto no es un artículo que trata sobre química (de la que conozco nada) así que me me remitiré a escribir al fuego desde el punto de vista empírico que advierte que el fuego está bien cabrón, y quema.

No tengo recuerdo preciso de cuándo puse mis ojos en el fuego (en sentido figurado) pero fue amor a primera vista. Mis primeros gajos de memoria como pirómano se remontan a épocas infantiles estando de visita en casa de mis abuelos en Tijuana, circa 1982.

Gracias a que el hermano menor de mi padre había tenido una efímera pero intensa vida de hippie la casa estaba llena de velasn y fue con lo primero que experimenté, quemar velas y bañar de cera caliente lo que se me ocurriera, derretir soldaditos de plático y “garapiñar” insectos. Mi abuelo vio ese comportamiento con extrañeza y miedo, tenía miedo que en una ocurrencia tomara su violín y me aventara la danza del fuego.

Mi padre me dijo: YA PÁRALE!

Le paré, no por mucho tiempo.

Terminaron las vacaciones y regrese a casa con mi madre y mis abuelos, a mi territorio.

En casa de vuelta no había poder que me detuviera, que pusiera freno al instinto primitivo de crear fuego, de quemar chingaderas, pues.

Durante semanas, por la tarde, cuando mis abuelos estaban trabajando en la tienda de abarrotes de la que eran dueños y mi madre estaba trabajaba también, yo quemaba cosas.

En mi casa los muebles no sólo eran espantosos, también eran pesados y había suficientes muebles para cargar la culpa de la deforestación de un bosque pequeño en algún lugar de centroamérica.

En la sala de estudio, había una mesa que pudo bien acomodar una parvada de vikingos; tenía doce sillas y seguro soportaba también a las gordas novias de los vikingos aventarse sus zapateados sobre ella.

La quemé a la chingada con todo y las doce sillas.

La humareda fue espantosa dentro de la casa, mi abuelo y mi tio corrían echando cubetazos de tierra para sofocar la descomunal hoguera cuyas llamas alcanzaban el techo y se movían como animales.

Lo curioso es que ese incendio no había sido intencional.

La mayor obra en mi carrera como pirómano había sido un accidente: jugaba quemando un papel acartonado, sonó el teléfono y creí apagarlo bien antes de dejarlo sobre la mesa y ésta, de madera que a diario se limpiaba con aceites y pulimentos, ardió a lo bestia en cuestion de segundos, cuando yo regresé no había nada que hacer.

Después  de ese acontecimiento y una regañada a cargo de medio mundo decidí retirarme, mi trayectoria como pirómano había perdido sentido y no encontraba en ese momento cómo llevar una vida digna quemando cosas.

Me retiré una semana después quemando en el patio un castillo de He-Man que no era ni mio.

Mientras el castillo de Grayskull ardía frente a mi, sentado en la tierra y el sol cayendo detrás de los árboles de mango pensé…

- Lástima, hubiera sido un buen pípila.