Después de jugar fontón puedo sentirme tan lleno de energía como un ratón de laboratorio o tan drenado de fuerza como un despertar de domingo por la mañana.

Dormí poco y soñé rápido.

Normalmente sueño con más frecuencia y más lucidez al dormir por las tardes, a diferencia de cuando me voy a la cama en la noche y de entrada dormir es una tarea que, por complicada,  me mantiene despierto, cuando llega el momento en que puedo finalmente conciliar el sueño, es tan tarde y estoy tan cansado que si llego a soñar pocas veces me entero.

Sueños de siesta siempre son bonitos.

Dicen que siempre que llegamos a sueño profundo soñamos, que el problema es recordar, un tip que leí en sepa dónde es que hay que aprender a despertar, esto significa que en primer lugar desliguemos la idea de que despertar viene junto y pegado con abrir los ojos, podemos despertar sin abrir los ojos, regresar a la conciencia, luego abrir los ojos, después cambiar posición.

Pues hoy me falló.

La cuestión cuando duermo ese poquito de más es que tardo mucho en dejar de sentir que mi cabeza está rellena de espumitas de embalaje, en mi sugestión e hinchazón de ojos, si sacudo la cabeza de lado a lado, puedo “escuchar” el inconfundible sonido de caja de cereal a punto de acabarse, me desespera.

Ya rascan la diez de la noche y apenas siento que esa sensación rara desaparece, desapareció junto con el café que me serví hace hora y media, escucho “to kingdom come” de Passion Pitt, qué bella canción, confieso que me gustaba más cuando no le entendía a la letra, me parecía menos cursí y más sentimental, me sigue gustando de todos modos.

Quisiera soñar más con mi padre.

Acabo de ver la repetición de un golazo en la TV (ni modo que en el horno) y me dejó impresionado, al autor nomás le faltó burlar al árbitro cambiándole el silbato por un palito de queso. En general no soy fan del fútbol, soy fan del deporte y de los buenos partidos que encuentros competitivos.

Ahora pienso que el día llega a su fin, que mañana habrá algo más que hacer pidiendole a la suerte (porque a veces ya no se a qué apostarle) que sea un buen miércoles, cuando la cosa está fea se vale ser un poco conformista sólo por salud mental

Si los baches son ineludibles por lo menos voy despacio para no romper las llantas.

Enciendo uno de mis últimos cigarrillos, comienza Bran Van 3000 con “Rainshine”, cierro los ojos mientras expulso la bocanada, mi mente es un salvapantallas de DVD player.

 

Llegué en un autobús retacado de gente, el evento era masivo, todas las oficinas del país estaban presentes para la gran presentación del presidente. Llego a la recepción de un hotel grandísimo pero medio feo, eso sí, se notaba que había costado una fortuna construirlo y adornarlo, pero a lo naco. En fin. Estaba yo en recepción con mis compañeros, me dieron mi tarjeta para el cuarto que quedaba lejísimos por lo que me ofrecieron un Segway, lo acepté y llegué raudo y veloz a mi habitación para darme cuenta que tendría compañero y que olía a aceite quemado de cocina china.

Mejor salí del cuarto en busca del bufet…

 

I

Aparezco caminando por las calles de la ciudad de Guadalajara aunque en el mismo sueño me entero muy rápido que son las calles del centro de la ciudad donde crecí y que las tengo repasadísimas; camino por una de las aceras, mi encargo es llegar a una farmacia que está en la esquina próxima para comprar no se qué chingaderas, en la escena aparecen algunos chavos adolescentes medio maleantes tipo enemigos de Karate Kid (primera parte) pero con más ganas de obtener lucro de su maleantez, me piden dinero y yo traigo muy poco.  Se genera un diálogo muy calmado.

- No tengo mucho dinero, chale qué culeros son me van a dejar sin dinero, déjenme para una coca no?

- Uta no mano, afloja todo ~agita mano abierta haciendo el ademan de “venga la lana”~

Saco el dinero que traía en una especie de costal de lino y eran puras monedas de denominación más baja que y me dicen que efectivamente andaba yo muy limitado de recursos, entra en el cuadro el vocalista de mi ex-banda y me dice que los conoce, yo no se qué chingados está haciendo él en la ciudad pero prefiero no averiguar eso ni sus vínculos con ellos, salgo bien librado del intento de asalto pero les prometí un seminario para mejorar la administración de sus recursos.

II

Regresé por donde venía, al dar la vuelta estoy en el viejo billar que yano existe, dentro estaban varios amigos de hace años que lavaban una cocina en medio de una gritadera peleándose como Los Tres Chiflados pero más a lo pendejo (imaginen nomás), les da mucho gusto saludarme, en el grupo de amigos están incluidos dos chilangos muy feos que a pesar que en el sueño son mis grandes viejos amigos, en mi subrealidad de que se que estoy soñando no los logro relacionar con nadie.

Llegó el momento de despedirme de ellos (hasta ese momento puedo contarlos bien, son cinco) los dos chilangos antes de irse me critican porque estoy muy flaco y uno me dice que me parezco a Jarvis Cocker, yo le digo que no mame.

III

Regreso con los otros tres amigos que quedan y ya no son los que eran, es decir, me los cambiaron entre actos, ahora estos eran más fresas pero igual de compas y de buena gente, dos se subían al coche en el que nos iríamos a sepa donde y el tercero estaba en la esquina a punto de subir a su propio coche; al acercarme les comento que los otros dos cuates chilangos acaban de decirme que me parezco a Jarvis Cocker, los dos ríen y me dicen – No mames we, sabes quién sí se parece un chingo al Jarvis we? este cabrón! – apuntando hacia el tercero en la esquina, y continuan – es más we, quieres ver qué tanto se parece? checa we.

Uno de ellos sale del coche y grita a la muchedumbre de chicas que estaban del otro lado de la calle haciendo cola en el cine para ver un chick flick de moda y grita señalando al coche de la esquina.

- HEY HEY! AQUÍ ESTÁ JARVIS COCKER DE INCOGNITOOOOO! -

La muchedumbre de viejas adolescentes y veinteañeras infesta la zona en menos de lo que nuestro amigo quausi Jarvis puede pedir auxilio o huir, su estilo de vestir y su finta snob no le ayudan nada y entre más lo miran más piensan que se trata del mero mero ex lider de Pulp.

Nosotro huímos mientras él nos raya la madre al puro estilo inglés.

IV

Después de un paneo de cámara onírica muy baboso en el que pasa un payaso de crucero corriendo detrás de un perro con gorro de cumpleaños, aparecemos tres personas en mi habitación, sobre mi cama, uno es mi amigo que esta acostado transversal, yo estoy sentado con las piernas cruzadas y una chica rubia bien bonita, de ojos azules se recuesta sobre mis piernas muy cariñosa, en el sueño ella es una recién conocida, se arrima a mi, me abraza y le beso la frente, ella sonríe.

El tercero en discordia nos interrumpe porque el programa de concurso ya comienza, en la TV el anfitrión da la bienvenida al público y pega un alarido con el nombre del show “WHO’S JARVIS?” comenzamos a cagarnos de risa pues resulta que nosotros  inscribimos a quasi Jarvis y la producción del programa fue a recogerlo a la fuerza, resignado a hacer el ridículo le toca su turno y, a pesar de ser idéntico, imita pésimo los movimientos asíncronos de Jarvis y los jueces lo destrozan, su premio de consolación es un libro autobiográfico del artista y un boleto doble para ir a ver el chick flick citado en el acto III.

V

Estoy de nuevo de visita en el billar de mis amigos, ya nos vamos y afuera de pronto se llena de gente alrededor de una riña de pandilleros estilo sur de california, hay balazos y mucha gente huye en todas direcciones, nosotros nos quedamos atrapados en el lugar pues la acera esta repleta de gente en pleno zafarrancho, la puerta cede y una ola de gente despavorida irrumpe y se viene como tromba sobre nosotros, huimos como podemos y encontramos que el mejor resguardo es bajo las mesas de billar que son sólidas como una roca.

Al esconderme me siento seguro y a mi lado encuentro a mi amigo quasi Jarvis fumando un habano, le pido uno para relajarme después de tanto estrés.

Mete la mano en su saco vintage y saca unos Delicados con filtro y con su mirada peresoza a través de sus grandes lentes  de pasta me dice:

- You are like common people.

 

En la vida pasan muchas cosas, en nuestras vidas, en mi vida; algunas cosas son tan insípidas que no solamente no merecen crónica, otras pueden ser tan intensas que hay quienes han vivido sólo de su recuerdo.

Algo tristísimo que había sucedido en mi vida, desde enero y sin forma de hacerlo a un lado en la memoria era la ausencia de la taquería de enfrente de mi casa.

A principios de año don taquero y señora taquera simplemente decidieron no abrir por un par de semanas a manera de descanso bien merecido, descansaron y nunca regresaron; hasta la semana pasada que llegué a casa después de la oficina y vi que lavaban el asador y la acerca y todo eso que es así.

Sonreí de felicidad y mi estómago gruño en apoyo a la misma.

Luego luego he levantado la mano para saludar al tiempo que lanzo el silbido que, en una amistad de años, se ha forjado y distinguido entre don taquero y yo. Ah, la nostalgia; me saluda de vuelta y sigue con la escoba enjabonando y tallando la banqueta mientras su esposa remueve la parrilla para darle una limpieza a fondo.

A pesar de tanta espera, tanta tristeza y demás mamadas que podría inventar para justificar una atascada de tacos ahora que habían abierto, no había tenido chance de ir a echarme unos, hasta anoche.

La carne sin condimento mas que sal, asada al cabrón, salas estupendamente manufacturadas, tortillas de harina caseras especiales, un abanico de sabores, texturas y aromas del norte inundaron mi paladar y colmaron la eriza con satisfacción del gusto.

Me comí tres, les eché porras por haber vuuelto al negocio, hablé maravillas – sinceras – de la carne asada y de una salsa quemada de chile de árbol que nada en aceite y luego me fui a casa. Los tacos me cayeron increible, nada pesados.

Anoche me he ido a la cama temprano, sentía cansancio y un poco de sueño, para mí tener esas sensaciones a las 12:00 a.m. es cosa de aprovecharse, y así lo hice. Me tiré en la cama a esperar caer dormido.

Soñé que iba a una taquería, ordenaba tres tacos, pagaba y me iba, luego conducía y llegaba a otra, unas calles adelante, ordenaba otros tacos, los preparaba, los comía, pagaba y me iba a otra taquería, me bajaba del coche, los ordenaba, tres tacos, caminaba a la mesa donde estaban las salsas y … no había guacamole;  desperté de un salto, en un grito mudo, con los ojos bien abiertos y una sensación de vacío interior.

Un taco sin guacamole no es taco.

 

Me desperté en un coche enfrente de la oficina, era un coche blanco, inglés, pequeño parecido a los Mini, pero era otro, el volante en la derecha me hizo intuir que mi oficina ahora estaba en alguna parte del Reino Unido, Londres quizá, no supe bien estaba atontado aún pues recién despertaba.

Me levanté de la cama dentro del coche, abri la ventana (una ventana normal de casa) y entró Paty Manterola como entre volando y nadando como pez pescado, llegó en bikini plateado bien chiquito (y chiquitita) y me dijo que le diera besitos en el ombligo porque se sentía mal.

Recuerdo la textura de su piel, creo que luego le besé las nalgas, no recuerdo, pero era la textura de un duraznito y así.

De pronto estoy caminando en la acera rumbo a un depa donde no se quién vive, en éste hay un león, muchas habitaciones, dos baños y una sola televisión a la que le sirve el control remoto, con las demás televisiones entendí que debe uno acercarse a ellas y estar parado como idiota picándole los botones para encontrar algo bueno entre miles de canales. Ese depa era un caos, pero tenía que estar allí junto con una parvada de perfectos desconocidos, y un león bravísimo.

Corría por mi vida cerrando puertas tras de mí porque el puto león olió mi nueva loción que había comprado, “olor bistec” leía semejante bote de un galón; en un último portazo me deshice del felino mastodontal al dejarlo afuera del baño. Fue cuando escapé por la pequeña ventana del baño cortándome con sus orillas de aluminio rasgándome la camiseta y los calzones (en ese punto el pinche león me había arrancado hasta los calcetines).

Caí en el lobby de un hotel dónde (según me dijeron dos amigos que allí encontré) yo estaba hospedado y no me encontraban desde hacía un par de días, estaba extraviado y sospechaban ya cosas muy raras. Les platiqué lo del depa y uno de ellos me dice que si estuve dormido dentro de ese coche es porque todo fue un sueño y todos estábamos dormidos. Yo dije ok.

Paty (sí, la Manterola que por cierto se veía espectacular) llegó corriendo a pedirme más besos en su ombligo, le dije que si no me dejaba darle un par de nalgadas no había besos; me dijo “sí” yo dije “ok”; hubo besos y nalgadas, ya hacían falta, así lo sentí en el sueño.

Justo antes de escuchar el ultimo ~slap~ de la nalgada a “La Paty” abrí los ojos con lo que ahora miraba a la lontananza desde un jet que viajaba a la Ciudad de México; he volteado a mi izquierda (siempre pido ventanilla derecha, no se por qué, hasta en sueños por lo que reflexiono ahora) y allí están mis dos cuates, los saludo y no saben darme razón del paradero del bombón que nalgueaba segundos atrás, ya no supe más de ella.

A través de la ventana del aeroplano se podía ya percibir a la distancia la mancha urbana de la gran capital, quise tomar fotos según la majestuosa escenografía de concreto se acercaba (o nos acercábamos a ella), las fotos no salían bien, ni el color, ni nada, salían cosas que no eran ni serían.

Mi amigo volteó a mi, me tocó el hombro y me dijo que me tranquilizara; que eso pasa a todos cuando se va bajando a la tierra.

Entonces desperté.

En la tierra, como siempre.

 

Estaba trabajando en una oficina que estaba a su vez en una especie de vecindad que estaba en  una cuadra en medio de algo que era como una mini colonia en medio de un bosque.

Estaba entonces en mi oficina, el jefe era un wey de cabeza desproporcionadamente grande y con un casco estilo Emperador Mink con el logotipo de Telcel por detrás; l era color verde y con cara larga del tipo de las brujas de los cuentos; el jefe era un pendejo y era fácil escabullirze de la oficina para lo que fuera.

Me escapé para ir a hacer algo que olvidé; decidí solventar la omisión de lo que iba a hacer aventándome una siesta entre dos jardineras, luego me desperté porque donde me había alargatado para dormir era una banqueta camino a otras oficina y todo mundo me pasaba por arriba y uno que otro me alcanzaba con la punta o el talón de su zapatos.

Me levanté, mi camisa era blanca y estaba llena de huellas zapatos, tenis y patas de animales domesticos; sed, de pronto tenía sed y me tengo que tirar pecho tierra hacía una llave de agua a unos metros frente a mí, mi jefe pasó cerca platicando con la secretaria sobre cómo nunca había probado un caldo caliente, llego a la llave de agua y al abrirla sale agua con música de Cut Copy, tomé mucha agua y los primeros tragos fueron de la canción So Haunted, cuando comencé a saciar mi sed volteo la mirada hacia un pasillo del pequeño complejo de oficinas y encuentro a dos viejos amigos de la primaria, una chica y un señor ya bastante mayor que yo, deduzco en el sueño que su edad no esta pareja con la edad de la chica y la mía porque cuando era niño era brutísimo y repitió tantas veces quinto y sexto de primaria como yo repito las tapas de chistorra madurada.

Este señor gordo y pelón (y ahora también, bruto) resultó ser Edgar Vivar que andaba de incógnito (yeah right) en busca de una vida menos pública.

Después de eso, el sueño se torna borroso, y clicherísticamente un sonido que viene del espacio exterior inunda el aire, mi jefe llega por mi y recibo un Direct Message en mi blackberry que me dice: Ya despierta!

Despierto, estoy cubierto con doble sábana y por mi ventana aún se puede apreciar la noche en retirada, era un sueño entonces, pero aún no sonaba la alarma ni nadie me había llamado por teléfono ni nada.

Otoño suena en mi cabeza.

Jul 032009
 

Realmente soy un hombre con las ambiciones justas, no quiero de más, pero no soy conformista, cuando muchas personas siempre quieren aprovecharse de la buena voluntad de quien les apoya o ayuda, yo tomo lo que necesito.

Me gusta la vida sencilla, sin rebusques.

Cuando duermo, con tanta despreocupación mi subconciente busca crear sueños sofisticados, que si tengo frío me hace soñar qué traigo una sudadera puesta y unos calcetines bien esponjosos.

suenos

 

Buenos días a todos. No soy un hombre que sueñe mucho (dormido, despierto sueño mucho), cuando sueño casi siempre eso sí, son cosas lindas, cosas que cuando me despierto aún dejan un aroma, una sensación de alegría o, de vez en cuando nostalgia y melancolía.

Pero cuando tengo pesadillas, que afortunadamente es esporádico, sufro; mis pesadillas no me hacen sufrir por terroríficas sino por raras, ya pasaron los años de mi vida en los protagonistas de mis malos sueños eran vampiros, monstruos o fantasmas, ahora me tengo que chutar toda una gama interminable de payasadas que crea mi mente cuando se le antoja joderme el poco sueño que usualmente disfruto en las horas nocturnas.

Paso a platicar con moderada intensidad un ejemplo de mis pesadillas.

Anoche soñé que estaba haciendo una actividad ante cierto público <inserte evento que se le venga en gana a usted> y sólo era yo, allí, cientos de pares de ojos viéndome con exclusiva fijación, mentes poniendo atención a cada uno de mis movimientos, a lo que fuera lo que tenía que decirles.

En el sueño no sufria pánico escenico ni nada de esas cosas, para muchos quizá lo anterior descrito sería ya una pesadilla en sí misma, pero no, esos nervios escénicos nunca han sido mi problema.

Mi problema en el sueño y lo que se convirtió en una real pesadilla, era que por alguna irracional razón (como ocurre normalmente en los sueños) no podía hacer ABSOLUTAMENTE NADA para sacarme un moco duro y mal agarrado de mi fosa nasal izquierda (recuerdo bien).

Era una tortuta auténtica, yo estaba allí parado, hablando frente a una multitud, ahroa recuerdo a los presentes y dónde se encontraban, era una especie de auditorio pequeño pero retacado, del tipo que se ven en las universidades donde grandes maestros dan cátedra a grandes grupos.

Frente a ese tumulto de gente interesadísima en lo que yo tenía que decir y demostrarles, yo tenía un moco atorado a la pared nasal, lo sentía aferrarse a un sólo vello pero hasta con los dientes, el muy cabrón. Entre frases en las que subía la voz, recuerdo exhalar por la nariz como en pequeñas explosiones para dar fuerza a la salida del aire; el moco, como Juárez ante el viento.

En algún instante en el sueño seguramente he de haber movido un poco el moco, no a mi favor, sino para reacomodarlo de tal suerte que ahora respiraba y se oía un silbido.

La tortuta de sentir el moco estorbarme en la nariz, darme cosquillas, picar y no dejarme respirar fue terrible, fue una pesadilla, no el moco, no la muchedumbre atenta a cada uno de mis movimientos, era estar confinado no poder usar mis manos y nada.

Y ya contaré cuando soñé que me botaban infinitas ventanas de messenger y tenía la mortal tarea responderle a todas.

May 252009
 

Te soñé hace unas noches, tu rostro, tu sonrisa y tu mirada eran tan nítidas que me desperté con escalofriós, con la piel excitada, como si las imágenes hubieran acariciado todo mi cuerpo. El sonido de tu sonrisa y las texturas de tu rostro, tu cabello y tu vestido eran asombrosos; mi reflejo en tus ojos era irreal.

Has inaugurado mi Pantalla de Sueños en Alta Definición.

 

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